domingo, 28 de agosto de 2011

Una nueva histeria macartista

Julian Assange de WikiLeaks responde a las acusaciones de espionaje y terrorismo

6 de julio de 2011

El fundador de WikiLeaks Julian Assange participó el 2 de julio en un inusual debate moderado por la presentadora de Democracy Now!, Amy Goodman, con el filósofo esloveno Slavoj Žižek , en Londres.

Assange cumple arresto domiciliario en Norfolk, localidad ubicada en las afueras de Londres, a la espera de una audiencia judicial que se realizará el 12 de julio, en la que se apelará la extradición a Suecia, donde se lo requiere para ser interrogado con relación a un supuesto caso de abuso sexual. Assange no está acusado de ningún delito en ningún país. En este extracto del debate del sábado, Žižek y Assange responden a quienes dicen que Assange debe ser juzgado en Estados Unidos según la Ley de Espionaje de 1917 y que WikiLeaks debe ser clausurado. "En realidad, siempre hay que ver la censura como una señal muy positiva, y los intentos de censura como una señal de que la sociedad aún no está completamente controlada, ni totalmente fiscalizada, sino que todavía conserva una dimensión política. Es decir, lo que la gente piensa, cree y siente y las palabras que escucha importan de verdad ", dice Assange.

AMY GOODMAN: Esto es Democracy Now!, DemocracyNow.org, el Informe de Guerra y Paz. Soy Amy Goodman.

Este fin de semana, Democracy Now! estuvo en Londres en una reunión inusual: alrededor de 1.800 personas se reunieron en un viejo teatro de la zona East End de Londres para escuchar un debate poco común entre el editor en jefe de WikiLeaks, Julian Assange, y el renombrado filósofo esloveno, Slavoj Žižek, debate en el que yo estuve de moderadora.

Actualmente, Julian Assange cumple arresto domiciliario en Norfolk —localidad ubicada en las afueras de Londres— a la espera de una audiencia judicial que se realizará el 12 de julio, en la que se apelará la extradición a Suecia, donde se lo requiere para ser interrogado con relación a un supuesto caso de abuso sexual. Assange no está acusado de ningún delito.

Ayer publicamos la primera parte del debate. Assange llevaba un monitor en el tobillo que quedaba tapado por la bota. Hoy pasamos a la segunda parte.

AMY GOODMAN: No quiero parecer distraída mirando hacia abajo, sino que quiero que las citas sean exactas, así que las tengo en mi teléfono. Newt Gingrich, ex presidente de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, dijo: "Julian Assange está involucrado en una guerra. El terrorismo informático que hace que muera gente, es terrorismo. Y Julian Assange está involucrado en terrorismo. Debería ser tratado como un combatiente enemigo y WikiLeaks debería ser clausurado en forma definitiva".

Bill Keller, del periódico The New York Times, lo llamó "arrogante, susceptible, conspirativo". Judith Miller —que a menudo escribía o era coautora de artículos que salían en la portada del periódico The New York Times donde se afirmaba la existencia de armas de destrucción masiva sin precisar fuentes—, dijo: "Julian Assange no es un buen periodista; no le importó en absoluto verificar la información que estaba publicando ni determinar si podía perjudicar a alguien o no".

Joe Biden, vicepresidente de Estados Unidos, dijo: "Julian Assange es un terrorista tecnológico". Peter King, congresista por Nueva York, pidió que se acuse a Assange según la Ley de Espionaje y pidió que se considere a WikiLeaks como una organización terrorista. Para no quedarnos solo en EE.UU.: Tom Flanagan, ex asesor del primer ministro canadiense, pidió el asesinato de Assange. Y la ex gobernadora de Alaska, Sarah Palin, lo llamó a usted, Julian, "agente anti estadounidense con sangre en sus manos". ¿Puede responder a estas acusaciones?

JULIAN ASSANGE: Bueno, después de que Bill Keller dijo que yo era susceptible no queda mucho espacio para responder, ¿no? Sarah Palin también una vez en Twitter se quejó de mi gramática, pero pedir un ataque de aviones no tripulados parece ser perfectamente comprensible; entonces que Sarah Palin corrija mi gramática es realmente un insulto.

Esa situación en Estados Unidos fue muy interesante. Obviamente, estos reclamos son equivocados y vergonzosos, pero la situación económica y política en que se produjeron fue fascinante. En pocos meses —desde diciembre del año pasado o enero de este año— vimos surgir una nueva histeria macartista. Es muy preocupante que pueda surgir un nuevo macartismo tan rápidamente.

Por otro lado, hay muchos políticos oportunistas que juegan para sus bases, sus amigos del complejo militar-industrial. Pero por otro lado, el poder es silencioso cuando no tiene que dar ninguna explicación. O sea, cuando pasas caminando al lado de un grupo de hormigas en la calle y accidentalmente aplastas a una cuantas, no te das vuelta y les dices a las otras : "dejen de quejarse o las ataco con un avión no tripulado". Simplemente las ignoras. Y esto es lo que pasa con el poder que está en una posición dominante. Ni siquiera se molesta en responder, no se inmuta ni por un instante.

Sin embargo vemos a todos estos personajes que salen a hablar con agresividad. Bill Keller, en una charla reciente, quizás para explicar por qué estaba hablando conmigo, dijo: "si tienes trato con Julian Assange, estás condenado a tener que sentarte en todos los debates y explicar lo que hiciste por el resto de tu vida". Pero en realidad Bill Keller tomó esa decisión, la de torcer la historia, blanquear la historia y adaptar la historia continuamente. ¿Por qué? ¿Por qué gastar energía haciéndolo? ¿Por qué no simplemente desconectar otro pager del periódico The New York Times? Porque esta gente está realmente asustada de lo que hay de verdadero en esta historia que sale y se desarrolla. Así es que veo esto como un signo muy positivo.

Y, como he dicho antes, en realidad siempre hay que ver la censura como una señal muy positiva y los intentos de censura como una señal de que la sociedad aún no está completamente controlada, ni totalmente fiscalizada, sino que todavía conserva una dimensión política. Es decir, lo que la gente piensa, cree y siente y las palabras que escucha importan de verdad. Porque en algunas áreas no importan. Y en realidad, en Estados Unidos casi nunca importa lo que dices. Nosotros nos las arreglamos para hablar y dar información con tal volumen e intensidad que la gente se vio obligada a responder. Es poco común que la gente se vea forzada a responder.

Creo que este es uno de los primeros síntomas positivos que he visto de Estados Unidos en mucho tiempo. Hablar a este nivel puede incitar al debate y forzar a la gente a responder. En China, la censura es mucho más agresiva, cosa que para mí es un signo de esperanza de que la sociedad china aún es una sociedad política, aunque se la esté fiscalizando y aunque con el tiempo se la esté controlando con relaciones contractuales y bancarias. En este momento el gobierno chino y la oficina de seguridad pública están realmente asustados de lo que la gente piensa.

SLAVOJ ŽIŽEK: Me odio por querer esto... ¿cómo se llama la película? "Petróleo sangriento". Pero desafortunadamente no correrá mucha sangre entre nosotros porque, otra vez, estoy de acuerdo. Hablando de China, déjeme decirle, quizás usted lo sepa —no es una anécdota— algo que confirma perfectamente lo que dice. ¿Sabía que hace dos o tres meses una oficina del gobierno chino aprobó una ley que prohíbe formalmente que aparezcan en los medios públicos —prensa, libros, historietas, TV, películas— las historias en las que haya un viaje en el tiempo o realidades alternativas? Es literalmente así. Lo confirmé con mis amigos en China. La justificación oficial fue que la historia es un asunto serio y no debe quedar en manos de este tipo de juegos triviales.

Pero está claro que lo que realmente les preocupa es que la gente tan siquiera imagine realidades alternativas y cosas así. Como usted decía, creo que es un buen signo. Ellos, al menos, necesitan la prohibición. Nosotros ni siquiera necesitamos la prohibición, casi nunca. Si alguien propone un cambio radical, simplemente aceptamos esta espontánea ideología cotidiana, pero todos sabemos cómo son nuestras realidades económicas. Usted propone elevar en un 1% el gasto en salud. No, eso significaría la pérdida de la competitividad, etc. Estoy completamente de acuerdo con usted en esto.

Un comentario final acerca de la gente que usted, Amy, menciona. Newt Gingrich es para mí —perdón por usar esta palabra fuerte— la escoria del planeta. No. Voy a ser más preciso. No tengo gran simpatía por Bill Clinton, pero recuerdo que cuando hicieron esa campaña sobre Mónica Lewinsky, Newt Gingrich hacía ataques moralistas. Y después se confirmó en los medios que —escuché una entrevista que le hicieron a Newt Gingrich–cuando su esposa estaba muriendo de cáncer, la fue a visitar al hospital para forzarla a firmar -sin tener la decencia de dejarla morir— un acuerdo de divorcio para poder casarse con otra mujer. Exactamente en la misma época del caso Lewinsky, él estaba engañando a su esposa con su secretaria.

Esta es gente que…, mi Dios, me convierto aquí en una especie de conservador moral. Debe haber algún tipo de comité ético que establezca que las personas como estas sean consideradas un peligro para nuestros jóvenes y tengan prohibido aparecer en público. Ahora señalaré un punto más importante, sobre el tema del terrorismo. Déjenme aclarar —y no estoy loco, lo digo en un sentido positivo— que sí, que en cierto sentido usted es un terrorista. ¿En qué sentido? En el sentido que Gandhi fue un terrorista. Lo qué usted está haciendo, no es algo que se puede tragar fácilmente: "Oh, mira todas estas noticias interesantes en los periódicos. Aquí está pasando esto, allá Slavoj Žižek está saliendo con Lady Gaga —totalmente falso— y mira lo de WikiLeaks"

AMY GOODMAN: ¿Es esta una desmentida oficial respecto a que no sale con Lady Gaga?

SLAVOJ ŽIŽEK: Desmiento absolutamente todo. No escuché ni una de sus canciones. Dios mío, yo escucho canciones de Schubert y Schumann. Perdón, pero soy un conservador.

AMY GOODMAN: No sé. Los representantes [de Lady Gaga] no fueron tan desafiantes. Sólo dijeron: "sin comentarios".

SLAVOJ ŽIŽEK: Mis amigos me dijeron lo mismo: "¡estúpido!, hubieras dicho 'sin comentarios' y ahora disfrutarías de mayor gloria y esas cosas". OK, sigamos. Tengo algo más serio que señalar. ¿Qué significa esto? ¿En qué sentido fue Gandhi un terrorista? Él trató con eficacia de parar, de interrumpir el normal funcionamiento del estado británico en la India. Y por supuesto usted está tratando de trastocar la circulación normal —y muy opresiva— de la información.

Pero la forma en la que debemos responder a esto es con una paráfrasis inagotable tomada de una parte maravillosa de la "La ópera de tres centavos" de Brecht: "¿Qué es el robo de un banco comparado con fundar uno nuevo?". ¿Qué es su "terrorismo" comparado con el terrorismo cotidiano que simplemente aceptamos para que las cosas sigan como están? Aquí es donde la ideología nos ayuda. Cuando pensamos en la violencia y el terrorismo, siempre pensamos en actos que interrumpen el flujo normal de las cosas, pero ¿qué hay de la violencia que tiene que existir aquí para que las cosas funcionen en la forma en que lo hacen?

Creo que —soy muy escéptico al respecto— si mi espíritu provocador me lleva a usar el término "terrorismo", es estrictamente como reacción a un terrorismo mucho más fuerte que ya está aquí. En vez de entrar en el juego moralista de "Oh no, él es bueno". Como los estalinistas decían de Lenin: "Te gustan los niños, juegas con gatos, no deberías...", como Norman Bates dice en Psicosis: "No podrías matar ni una mosca", usted es, en este sentido formal, un terrorista. Pero si usted es un terrorista, entonces, por Dios, ¿qué son los que lo acusan de terrorismo?

AMY GOODMAN: El renombrado filósofo esloveno Slavoj Žižek, autor de "Living In the End Times" [Vivir en el final de los tiempos], y Julian Assange, editor en jefe de WikiLeaks, conversando el fin de semana pasado en Londres. Volveremos con otra parte del debate en un minuto.


Traducido por Jaime Sepulveda

 

Para EEUU la operación en Libia es un modelo a seguir en otros países

El chiste del día:

27 Agosto 2011

Obama y Ben Rhodes.

Obama y Ben Rhodes.

La administración del presidente estadounidense, Barack Obama, considera que el desarrollo de la polémica operación en Libia demuestra lo acertada que es su nueva estrategia para el cambio de regímenes en otros países.

Así lo anunció uno de los consejeros para asuntos internacionales del mandatario, Ben Rhodes, en una entrevista a Foreign Policy.

Según Rhodes, la nueva estrategia de Estados Unidos es más eficaz y menos costosa. Si la actitud estadounidense durante la administración de George Bush la considera “ocupación”, la de Obama es una “liberación nacional”.

El consejero menciona dos principios nuevos: el cambio del régimen se realiza directamente por un movimiento nacional y EEUU. comparte la responsabilidad internacional con sus aliados.

“La estrategia de la intervención militar en Libia podría aplicarse también en otros casos“, señaló Rhodes.

Esas declaraciones no quedaron sin respuesta por parte de sus opositores, que cuestionan el efecto positivo de la intervención en Libia, ya que no cumplió sus objetivos.

Por ejemplo, a pesar del propósito de proteger a la población civil, las fuerzas de la OTAN respaldaron tan activamente a los rebeldes, que numerosos civiles cayeron víctimas de sus ataques aéreos.

 

La decadencia de la iglesia católica en España no la para nadie

Rafael de la Garza Talavera

Rebelión

 

 

La visita de Ratzinger a España representa un punto de inflexión, un antes y un después en la historia del catolicismo europeo y en la historia española, demostrando que la decadencia de la más antigua corporación internacional es un hecho innegable y que la monarquía constitucional va de salida. Las protestas de una parte importante de la ciudadanía española no pueden comprenderse exclusivamente por la crisis económica por la que atraviesan sino sobre todo por el enorme desgaste de una institución y un régimen político que ha demostrado su sed por el poder y el dinero, por estar y haber estado históricamente a favor de las causas más retrógradas, violentas y autoritarias en la tierra de Cervantes y por su cinismo al proteger a miembros distinguidos, y no tanto, que practicaban y practican sistemáticamente la pederastia, entre otras perversiones.

Las manifestaciones de repudio a la visita del jefe de la nomenclatura católica se articularon principalmente alrededor del gasto que el estado español realizó para llevar adelante la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) en Madrid, que según el coordinador de Europa Laica, Antonio González, rondaba los 25 millones de euros -algo así como cuatrocientos cincuenta millones de pesos, los cuales fueron incluidos en los presupuestos generales del estado español desde el 2010. ( http://www.librered.net/?p=8932 )

Los organizadores de la visita argumentaron que la derrama económica que los millones de visitantes multiplicarían con creces el gasto convirtiéndolo en una ‘inversión’ que beneficiaría a la comunidad madrileña, particularmente a hoteles, restaurantes y comercio en general, que no son precisamente el sector mayoritario de la población. Pero a los millones de euros ‘invertidos’ por el gobierno socialista habría que agregar los gastos generados por la enorme movilización de policías y demás fauna para proporcionar la seguridad adecuada a un acontecimiento de tales dimensiones así como la recolección de basura que los actos masivos generan invariablemente. Y sigue la mata dando pues hay que sumarle el costo que representó que los peregrinos fueran alojados por cinco días en edificios públicos, es decir, en más de 1400 centros escolares de la comunidad de Madrid que fueron cedidos a los organizadores de la JMJ. Resulta difícil de calcular entonces el monto de la ‘inversión’ pero es evidente que supera la cifra autorizada por la burocracia en el poder. Para colmo, las empresas beneficiadas con la política económica (Santander, Endesa y Telefónica) se paran el cuello apoyando con el dinero ganado a costa del empobrecimiento generalizado, la organización de la jornada impregnándola de un tufo empresarial donde la fe no aparece por ningún lado, a no ser la fe en las ganancias, que parece ser la única que comparten tanto las empresas como el Vaticano.

Por su parte, los opositores manifestaron reiteradamente que, en vista de la crisis que azota al país, la visita papal parecía más bien una burla hacia los millones de personas a las que los dueños del dinero y sus lacayos en el gobierno sugieren apretarse el cinturón y ser pacientes; Dios proveerá parecen decir.

Por otra parte, la JMJ es una respuesta desesperada frente a la pérdida de presencia de la iglesia católica en suelo español. Según las encuestas las creencias de sus habitantes han cambiado dramáticamente en la última década; en el año 2000 el 83% de la población se declaraba católico pero para el 2001 la cifra ha bajado al 72%. De estos, el 60% reconoce que apenas va a misa y sólo el 13% acude todos los domingos a los templos. ( http://www.clarin.com/mundo/Incidentes-masiva-marcha-Papa-Madrid_0_538146241.html ) Si la tendencia se mantiene el Vaticano estará perdiendo sin remedio su bastión europeo, cosa que le daría un golpe casi mortal pues España, desde las guerras de contrarreforma en el siglo XVI y XVII, se ha erigido como la nación que más ha defendido la ortodoxia católica, a costa incluso de su propio desarrollo económico, no se diga social y cultural.

En efecto, la contrarreforma significó para España el subdesarrollo económico del cual no salió sino a medias con la caída de Franco. Las enormes transferencias de riqueza desde las colonias hacia la metrópoli, a lo largo de tres siglos, fueron gastadas principalmente para financiar guerras contra los protestantes y al mismo tiempo para mantener una clase terrateniente parasitaria y retrógrada, que sobrevive hasta hoy en el poder. La época del oscurantismo español pareció ceder con el surgimiento de la república y el florecimiento cultural al iniciar el siglo XX, pero el golpe de estado fascista encabezado por Franco y apoyado por Hitler y los yanquis acabaron con la pequeña primavera española y devolvieron el país a las manos de la iglesia y el ejército.

Con la muerte del infame dictador, algunos creyeron que finalmente la república laica volvería por sus fueros pero las esperanzas se marchitaron rápidamente con la aparición de la monarquía -disfrazada de transición democrática- y el mantenimiento de los privilegios de la nobleza terrateniente. La iglesia mantuvo prerrogativas que en cualquier república liberal serían difíciles de justificar, como el control de la educación y la obtención directa de recursos públicos para financiar sus piadosas actividades, manteniendo así una fuerza artificial, si se quiere, pero que le ha permitido seguir siendo un actor político importante en el escenario nacional. Más aun, el surgimiento del Opus Dei proporcionó al Vaticano enormes recursos e influencia, incluso fuera del territorio español, pues la organización fundada por Escrivá de Balaguer inspiró el surgimiento de organizaciones en Latinoamérica, como los Legionarios de Cristo, que conspiraron para impedir el fortalecimiento de sociedades laicas, tolerantes e incluyentes.

Pero como se dice coloquialmente, en el pecado va la penitencia, ya que en este caso y como consecuencia de acciones desesperadas para recuperar el enorme poder del que gozó en otras épocas, la iglesia se hizo de la vista gorda para contener la decadencia al interior de sus filas a cambio de dinero e influencia. Marcial Maciel representa sin lugar a dudas el ejemplo paradigmático de lo anterior. Sus habilidades para comprar el favor del Vaticano -en particular de Wojtyla- ocultando sus adicciones y su pederastia, evidenciaron su debilidad para detener la debacle, dándole un golpe mediático definitivo.

Así las cosas, las manifestaciones de repudio a la visita papal para encabezar el JMJ en Madrid son claramente una consecuencia del desgaste del catolicismo en España pero sobre todo una prueba contundente de que la sociedad española está harta de la ‘transición democrática’ y de la monarquía decrépita que la articula y la organiza. Y eso no lo para nadie.

 

Las consecuencias mundiales de la decadencia de Estados Unidos

Immanuel Wallerstein

La Jornada

 

 

Hace 10 años, cuando algunas personas y yo hablábamos de la decadencia de Estados Unidos en el sistema-mundo, a lo sumo nos topábamos con sonrisas de condescendencia ante nuestra ingenuidad. ¿No era Estados Unidos la única superpotencia, involucrada en cada uno de los rincones más remotos de la Tierra, haciendo lo que quisiera casi todo el tiempo? Ésta era una visión compartida a todo lo ancho del espectro político.

Hoy, la visión de que Estados Unidos está en decadencia, en seria decadencia, es una banalidad. Todo el mundo lo dice, excepto algunos políticos estadunidenses que temen ser culpados por las malas noticias de la decadencia si la discuten. El hecho es que prácticamente todo el mundo cree hoy en la realidad de esa decadencia. Sin embargo, algo que está menos discutido es cuáles han sido y serán las consecuencias en el mundo de esta decadencia. La decadencia tiene raíces económicas que siguen su curso. Pero la pérdida del cuasi monopolio del poder geopolítico que Estados Unidos ejerció alguna vez tiene consecuencias políticas importantes en todas partes.

Empecemos con una anécdota contada en la sección de Negocios del New York Times el 7 de agosto. Alguien que gestiona inversiones en Atlanta apretó el botón de pánico en nombre de dos acaudalados clientes que le dijeron que vendiera todas sus acciones y que invirtiera el dinero en un fondo común de inversión más o menos blindado. El gestor dijo que, en los 22 años que llevaba en el negocio, nunca había recibido una petición como ésa. Era algo sin precedentes. El periódico le llamó a esto el equivalente “Wall Street” de la opción nuclear. Iba en contra del consagrado consejo tradicional de asumir un enfoque firme y constante conforme se avanza ante los vaivenes del mercado.

Standard & Poor’s ha reducido su calificación crediticia de Estados Unidos de AAA a AA+, también algo sin precedentes. Pero esto fue una acción bastante leve. La agencia equivalente en China, Dagong, ya le había reducido la credibilidad crediticia a Estados Unidos en noviembre pasado a A+, y ahora se le redujo a A-. El economista peruano Oscar Ugarteche ha declarado que Estados Unidos es una república bananera. Dice que Estados Unidos ha optado por la política del avestruz para no espantar a las expectativas (de crecimiento).

Y en Lima, la semana pasada, los ministros de finanzas de los estados sudamericanos, reunidos, han discutido urgentemente cómo aislarse de la mejor manera ante los efectos de la decadencia económica de Estados Unidos. El problema para todo el mundo es que es muy difícil aislarse de los efectos de la decadencia estadunidense. Pese a la severidad de su decadencia económica y política, Estados Unidos continúa siendo un gigante en el escenario mundial, y cualquier cosa que pase ahí sigue provocando grandes olas en todas partes.

Con toda certeza, el impacto más fuerte de la decadencia estadunidense ocurre y seguirá ocurriendo al interior de Estados Unidos. Los políticos y los periodistas hablan abiertamente de la disfuncionalidad de la situación política estadunidense. ¿Pero qué otra cosa puede ser sino disfuncional? El hecho más elemental es que los ciudadanos estadunidenses están aturdidos por el mero hecho de la decadencia. No es sólo que los ciudadanos estadunidenses sufran ellos mismos, materialmente, por la decadencia, y que estén profundamente asustados de que sufrirán más conforme el tiempo avance. Es que habían creído a nivel muy profundo que Estados Unidos es la nación elegida, designada por Dios o la historia para ser el país modelo en el mundo. El presidente Barack Obama sigue tratando de tranquilizarlos diciendo que Estados Unidos es un país triple A.

El problema para Obama y para todos los políticos es que muy pocas personas siguen creyendo eso. El golpe al orgullo nacional y a la imagen propia es formidable, y es también muy repentina. El país está tomando muy mal este golpe. La población busca chivos expiatorios y ataca muy a lo loco, y no con demasiada inteligencia, a los supuestos culpables. La última esperanza parece ser que alguien sea culpable, y como tal el remedio sea cambiar a las personas con autoridad.

En general, las autoridades federales son vistas como las que hay que culpar: el presidente, el Congreso, ambos partidos principales. La tendencia es muy fuerte hacia tener más armas a nivel individual y a ejercer un recorte del involucramiento militar fuera de Estados Unidos. Culpabilizar de todo a la gente de Washington conduce a una volatilidad política y a luchas intestinas locales cada vez más violentas. Estados Unidos es hoy, diría yo, una de la entidades políticas menos estables en el sistema-mundo.

Esto hace de Estados Unidos no sólo un país cuyas luchas políticas son disfuncionales, sino uno que es incapaz de consolidar mucho poder real en la escena mundial. Entonces, hay una caída importante en la fe en el país, y en su presidente, por parte de los aliados tradicionales de Estados Unidos fuera y por la base política del presidente en casa. Los periódicos están llenos de análisis de los errores políticos de Obama. ¿Quién puede argumentar con esto? Con suma facilidad, yo podría enlistar docenas de decisiones que Obama hizo, y que desde mi punto de vista fueron equivocadas, cobardes o algunas veces directamente inmorales. Pero me pregunto si, de haber tomado las mucho mejores decisiones que su base supone que debió tomar, habría habido mucha diferencia en el resultado. La decadencia de Estados Unidos no es el resultado de decisiones pobres por parte de su presidente, sino de las realidades estructurales en el sistema-mundo. Obama puede ser el individuo más poderoso del mundo todavía, pero ningún presidente estadunidense es tan poderoso hoy como los presidentes de antaño.

Hemos entrado en una era de agudas, constantes y rápidas fluctuaciones –en las tasas de cambio de las divisas, en las tasas de empleo, en las alianzas geopolíticas, en las definiciones ideológicas de la situación. El grado y rapidez de estas fluctuaciones conduce a la imposibilidad de contar con predicciones de corto plazo. Y sin alguna estabilidad razonable en las predicciones de corto plazo (tres años más o menos) la economía-mundo se paraliza. Todo el mundo tendrá que ser más proteccionista e introspectivo. Y los estándares de vida bajarán. No es un cuadro bonito. Y aunque hay muchos, muchos aspectos positivos para muchos países a causa de la decadencia estadunidense, no hay certeza de que en el loco bamboleo del barco mundial, otros países puedan de hecho beneficiarse como esperan de esta nueva situación.

Es tiempo de un análisis de largo plazo mucho más sobrio, de juicios morales mucho más claros acerca de lo que el análisis revela, y de acciones políticas mucho más efectivas en el esfuerzo, en los próximos 20 o 30 años, para crear un mejor sistema-mundo que en el que estamos atorados ahora.

Traducción: Ramón Vera Herrera

©Immanuel Wallerstein

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2011/08/27/opinion/030a1mun

 

martes, 16 de agosto de 2011

"Se vienen años de incertidumbre y caos mundial"

Entrevista con Immanuel Wallerstein, académico e investigador en la Universidad de Yale

 

Sally Burch

Alainet

 

 

El destacado académico de las ciencias sociales, Immanuel Wallerstein, es uno de los más connotados exponentes del pensamiento crítico contemporáneo, y durante su reciente visita a Ecuador ALAI conversó con él sobre la actual crisis de deuda que golpea duramente a Estados Unidos y sus consecuencias para los países emergentes y América Latina.

El investigador principal de la Universidad de Yale considera que el dólar ha entrado en un proceso grave e irreversible de pérdida de valor como moneda de reserva mundial, subrayando que era “el último poder serio que mantenía Estados Unidos”.

Wallerstein piensa que las diferentes medidas de emergencia que se están implementando en su país simplemente están retrasando la bancarrota mundial. “Los daños son hechos concretos, la situación de los Estados Unidos es grave y no es recuperable”, recalca.

Estima que el desenlace ocurrirá dentro de dos o tres años, con resultados caóticos para el sistema mundial porque “no habrá una moneda de reserva internacional” y tampoco existen condiciones para que otra moneda pueda ocupar ese rol. Entonces con el fin del dólar como reserva mundial “van a existir cinco, seis o siete monedas importantes, una situación caótica porque habrá fluctuaciones enormes continuas”.

“Ni los gobiernos ni las firmas transnacionales, ni los mega-bancos, ni los individuos sabrán qué hacer. Una incertidumbre enorme paralizará el mundo, especialmente a los inversionistas”, advierte el académico estadounidense.

Mientras esto ocurre en un nivel macro de la economía estadounidense, paralelamente también en un plano más local se vienen produciendo serios problemas económicos. “Comunidades urbanas pequeñas están entrando a la bancarrota y por ejemplo no pueden pagar las jubilaciones”, indica el científico social.

El investigador considera que en su país la clase media es la más afectada porque de un día a otro las familias pierden posición y los trabajadores que perdieron su empleo no pueden hallar otro puesto, especialmente las personas entre 40 y 60 años, llegando incluso a perder sus casas. Es una situación que actualmente no tiene solución y no se observa posibilidad de encontrar una válvula de escape.

Además, Wallerstein señala que “la situación en Estados Unidos va a empeorar porque se va a eliminar la posibilidad que el gobierno sostenga gastos necesarios en este momento, creándose una situación peor que la actual. La fantasía del Tea Party está llevando a Estados Unidos y por consecuencia a todo el mundo en dirección de un crac”.

Teniendo en cuenta estas consideraciones el pronóstico del teórico estadounidense para los próximos años es bastante pesimista. “Yo veo guerras civiles en múltiples países del norte, sobre todo en Estados Unidos donde la situación es mucho peor que en Europa occidental, aunque allá también hay posibilidades de guerra porque hay un límite hasta el cual la gente ordinaria acepta la degradación de sus posibilidades”.

China y países emergentes


Ante la crisis de Estados Unidos y Europa los países emergentes por el momento parecen vivir bien, sin embargo, desde el punto de vista de Wallerstein, esconden una falsa realidad porque todos estamos en una misma canasta.

Teniendo en cuenta que China es el principal tenedor de bonos estadounidenses, ese país afronta una disyuntiva muy delicada. Wallerstein considera que si por un lado “deja de comprar bonos de Estados Unidos va a perder la oportunidad de colocar productos chinos en ese mercado, un problema muy serio para la China. Al mismo tiempo, cuando el dólar pierda su posición relativa a las otras monedas sus bonos no van a valer mucho”.

Entonces, China se está arriesgando a perder enormemente tanto si se retira o si continúa en el mercado de bonos estadounidenses. Frente a esta situación considera que “lo más probable es que la China se vaya retirando poco a poco”. Justamente el problema está en determinar cuándo es el momento perfecto para detener las inversiones, lo cual es imposible de señalar porque si lo supiéramos seríamos todos ricos, agrega el investigador.

Además de este serio problema que afronta China, explica que el país asiático atraviesa por una situación muy frágil desde el punto de vista de su economía interna, “porque los bancos chinos están en la misma situación que los bancos estadounidenses hace dos o tres años”. Asimismo, la inflación limita posibilidades a China y a otros países emergentes como, por ejemplo, a Brasil.

En este contexto considera que los países emergentes, y en el caso de Suramérica la Unasur, deberán hallar los mecanismos de un “proteccionismo a corto plazo a fin de minimizar los daños que serán para todo el mundo. No habrá países que escaparán de los daños pero serán más grandes para unos que para otros”.

Preguntado sobre la construcción de una nueva arquitectura financiera regional, con iniciativas como el Banco del Sur o de una moneda regional como el Sucre, el académico valoró positivamente esas posibilidades para los pueblos de América del Sur. “La creación eventual de una moneda verdadera común será un elemento de fuerza económica en esta situación”. En ese sentido citó como ejemplo que a pesar de las dificultades en Europa con el euro, la decisión de salvaguardar la moneda común “va a permitirles una posición política importante”.

Finalmente, como un mensaje para América Latina invitó a continuar con la reflexión sobre la necesidad de garantizar alimentos suficientes para su pueblo, agua para su pueblo, energía para su pueblo, como cuestiones mínimas y esenciales que deben hacer todos los gobiernos del Sur.

Fuente: http://alainet.org/active/48721

 

miércoles, 10 de agosto de 2011

Golpe de Estado en el FMI


Walter Goobar

Publicado el 15/7/2011 11:03:30 (254 Lecturas)

El interminable thriller geopolítico montado en torno del caso del destituido Director General del FMI, Dominique Strauss-Kahn, a partir del presunto intento de violación de una mucama del hotel Sofitel de Nueva York, continúa mostrando aristas dramáticas: ¿se trata solamente de un pervertido cebado en su impunidad?, ¿era ella “una prostituta”? ¿Hubo una conspiración?
Mientras los medios de comunicación hegemónicos mantienen la versión oficial sobre lo ocurrido en la suite del hotel cinco estrellas de Manhattan, un cúmulo de evidencias indica que el libidinoso Strauss-Khan cayó en una trampa.
Según informes de prensa, la mucama guineana, de 32 años de edad, empleada del hotel Sofitel, recibió la llamativa suma de 100.000 dólares que fueron depositados en su cuenta bancaria. The New York Times reconoce el pago, pero no analiza el origen de estos fondos. El Times sugiere que el dinero fue depositado en la cuenta de la mucama por su novio que está cumpliendo una condena por narcotráfico en una prisión de máxima seguridad.

De acuerdo con los dos funcionarios citados por el Times, la mujer mantuvo una conversación telefónica con su novio un día después de su encuentro con Strauss-Kahn, en la que habló sobre los posibles beneficios de concretar las acusaciones contra él. La conversación fue grabada.

El novio de la mucama guineana había sido arrestado por cargos de posesión de 400 libras de marihuana. El traficante integra la nómina de personas que hicieron depósitos múltiples en efectivo, por un total de alrededor de $ 100.000, en la cuenta bancaria de la mujer en los últimos dos años. Los depósitos se hicieron en Arizona, Georgia, Nueva York y Pennsylvania.

Los investigadores también se enteraron de que la mujer estaba pagando cientos de dólares cada mes en gastos de teléfono a cinco empresas. La mucama había insistido en que sólo tenía un teléfono y dijo que no sabía nada acerca de los depósitos, excepto que fueron hechos por un hombre que describió como su novio y sus amigos.
Uno de los enigmas de este caso es que a pesar de los registros bancarios y de llamadas telefónicas, los investigadores policiales y los fiscales han fallado en revelar la identidad de las personas que realizaron estas transferencias de dinero.

Los informes sugieren que pueden ser “relacionados con las drogas”, con lo que descartan la posibilidad de que el dinero podría haber sido parte de pago por la celada a Strauss-Kahn. Los informes también mencionan que los depósitos de efectivo se hicieron “en los últimos dos años”, por lo tanto, da la impresión de que no guardan relación con el caso de Strauss-Kahn.

Si los 100.000 dólares habían sido efectivamente depositados en la cuenta bancaria de la mujer en el curso de los últimos dos años, ¿por qué iba a estar trabajando como mucama de hotel? Existe la posibilidad de que el dinero no fuese propiedad de la mujer, sino que ella solamente prestase sus cuentas para blanquear diner proveniente del tráfico de drogas. Esta información era conocida por los fiscales en una etapa temprana de la investigación, sin embargo, Strauss-Kahn fue puesto en libertad sólo después de que renunció al FMI y de que se concretara el nombramiento de la ministro de Finanzas de Francia, Christine Lagarde, como su sucesora.

Hasta el momento, la hipótesis probable de un montaje dirigido contra Strauss-Kahn no está siendo debidamente abordada por los medios de comunicación estadounidenses.

Lo cierto es que poco antes de su definitiva caída en desgracia, el pragmático Strauss-Kahn –que no era un banquero, sino un académico–, se pronunció por la sepultura del dólar como divisa de reserva de última instancia, para ser sustituido por los Derechos Especiales de Giro. La fecha prevista para el anuncio era el 26 de mayo de 2011. Con esa propuesta, DSK se ganó poderosos enemigos en Wall Street.

Algunos datos del arresto, también indican que el ex director del FMI puede haber sido víctima de uha trampa cuyo verdadero trasfondo es la sigilosa guerra financiera internacional.

El 16 de mayo, pocas horas después de que se consumó la presunta violación, Dominique Strauss-Kahn see hallaba confortablemente instalado en su asiento del vuelo de Air France cuando fue arrestado, 10 minutos antes del despegue. Según la tripulación del avión, los policías de la Unidad de Víctimas (la misma de la serie de televisión La Ley y el Orden: Unidad de víctimas especiales) no recurrieron a sus colegas del aeropuerto Kennedy para que hicieran el arresto, sino que quisieron realizarlo ellos mismos.

Para evitar que alguien pudiera prevenir a Strauss-Kahn, solicitaron que se interfiriera la señal de la telefonía móvil en esa zona del aeropuerto. Sin embargo, la posibilidad de interferir la señal de la telefonía móvil no forma parte de las prerrogativas de una brigada de lucha contra el vicio. Esto demuestra que desde el momento de su arresto, el de Strauss-Kahn fue considerado un caso de seguridad nacional.

La jueza Melissa Jackson decidió recluir a DSK en Rikers Island, una de las cárceles más peligrosas del mundo. El director del FMI permaneció incomunicado en esa prisión durante 10 días en los que el funcionamiento de la institución internacional también estuvo bloqueado por falta de firma autorizada.

El 26 de mayo, día fijado para la creación de la nueva moneda internacional de reserva, el director gerente del FMI que debía formular estos anuncios durante la Cumbre del G8, en Deauville, Francia, estaba encerrado e incomunicado en una celda y reducido a la categoría de una especie de bestia en celo.

Con Strauss-Kahn preso, el tambaleante predominio del dólar se mantuvo intacto, pero se tornó más artificial que nunca. Se trata del dólar cuyo valor pretendían relativizar los Estados emergentes, pero que sirve de base al poderío del complejo militar-industrial estadounidense.

No fue una simple coincidencia que, 24 horas después de que Strauss-Kahn presentara su renuncia al FMI, la jueza le concedió la libertad bajo fianza que antes de la renuncia le había denegado.

La candidatura de Christine Lagarde como sucesora de Straus-Kahn fue confirmada el 26 de junio. Su nombramiento fue aceptado el 28 de junio tras una decisión de 24 miembros de la junta ejecutiva del FMI.

A diferencia de Strauss-Kahn que era un académico, Lagarde es una persona que goza de total confianza de Wall Street y el establishment bancario de los Estados Unidos. Su candidatura había sido aprobada por Estados Unidos. El secretario del Tesoro Timothy Geithner declaró el 28 de junio: “Me complace anunciar nuestra decisión de apoyar a Christine Lagarde a la cabeza del FMI”, dijo Geithner en una declaración, horas antes de que los 24 miembros del Directorio Ejecutivo del FMI se expidieran sobre el tema.
Strauss-Kahn fue puesto en libertad al día siguiente de la decisión de la junta ejecutiva del FMI.

Si la información sobre la mucama guineana se hubiese revelado unos días antes, la candidatura de Lagarde como directora del FMI podría haber sido puesta en duda.

Según el profesor canadiense Michel Chossudovsky, titular de la ONG Globalresearch, “el cambio de régimen en el FMI ha sido implementado con rapidez, por no hablar de las implicaciones del caso Strauss-Kahn en relación con las elecciones presidenciales francesas”.



Miradas al Sur - Domingo 10 de julio de 2011

 

Lujo, hambre y furia

David Brooks

La Jornada

 

 

La demanda de artículos de lujo –desde zapatos de 800 dólares y cremas cosméticas de 1.300 hasta Mercedes Benz de 200.000– disfruta un auge, mientras casi 46 millones de estadunidenses dependen más que nunca de la asistencia federal para comprar alimentos básicos y evitar el hambre. Eso resume a Estados Unidos hoy día.

El mercado de artículos de lujo ha registrado 10 meses seguidos de incremento en ventas, reportó el New York Times. Las cifras de ventas de la joyería Tiffany’s, Givenchy, Louis Vuitton, Gucci, BMW, Porsche y Mercedes Benz, entre otros, han registrado fuertes incrementos.

Por otro lado, el gobierno federal informó de que casi el 15 por ciento de la población depende de asistencia alimentaria, esto es, 45,8 millones de personas, el nivel más alto registrado, un 12 por ciento más que hace un año y un 34 por ciento más que hace dos. Para obtener asistencia alimentaria federal (food stamps), el ingreso de un individuo debe ser inferior a 1.174 dólares al mes (más o menos lo que algunos ricos gastan en un par de zapatos Louis Vuitton).

La desigualdad económica no se oculta. El economista premio Nobel Joseph Stiglitz indica que sólo en los últimos 10 años, el ingreso del uno por ciento más rico se elevó 18 por ciento, mientras el de los trabajadores industriales se desplomó 12 por ciento. Según un análisis del Instituto de Política Económica (EPI), la riqueza está aún más concentrada en el sector más rico: más de un tercio de la riqueza nacional se concentra en ese uno por ciento; 20 por ciento de los hogares en el medio de la escala económica sólo contaban con 4 por ciento de la riqueza nacional en 2007 y perdieron parte de eso en la última recesión. De hecho, en 2009, el uno por ciento más rico de los hogares tenía un valor neto 225 veces mayor que el del hogar típico: una desigualdad jamás vista.

Mientras tanto, los ricos pagan menos impuestos que en cualquier periodo del último medio siglo, reconoció el propio Barack Obama. Un nuevo informe del Center for American Progress descubrió que los millonarios pagan 25 por ciento menos impuestos hoy que a mediados de los 90, y 1.400 millonarios no pagaron ni un centavo de impuestos en 2009. Mucho de esto gracias a las reducciones fiscales impulsadas por el gobierno de George W. Bush y prolongadas por el de Obama.

La ira popular contra los representantes del pueblo en Washington sigue ardiendo, según las encuestas, precisamente porque se les culpa de aplicar políticas que benefician a unos cuantos a costa de casi todos los demás. Un 82 por ciento de estadunidenses desaprueba el desempeño del Congreso: el nivel más alto registrado por la encuesta de CBS News/New York Times; una de CNN descubrió casi lo mismo. Más de 4 de cada 5 opinaron que el debate sobre la deuda tenía que ver más con maniobras políticas que con la búsqueda de lo mejor para el país.

Las encuestas también demuestran que Washington hace exactamente lo opuesto a lo que desea el pueblo. Por más de dos contra uno, los estadunidenses afirman que la generación de empleo debería ser una prioridad más alta que la reducción del gasto federal. Un 63 por ciento favorece elevar impuestos a los más ricos.

Pero, más allá de reprobar a sus líderes, ¿habrá consecuencias políticas? Algunos dicen que todos los políticos electos enfrentarán la ira popular en 2012. Sin embargo, otros creen que Obama, aunque ha generado enorme desilusión entre sus bases, no tendrá graves problemas, por un simple y cínico cálculo. Como lo dijo un estratega demócrata al Washington Post: el hecho es que los liberales y progresistas no tienen adónde ir más que a votar por Obama y su partido. Igual, un encuestador demócrata comentó al New York Times que, en el caso de Obama, a pesar de críticas de sus bases liberales a una u otra de sus iniciativas, en el terreno electoral al final de cuentas están seguros de una cosa: van a odiar a los candidatos republicanos. Entonces, sinceramente no me preocupa mucho una base sólida o entusiasta. O sea, el cálculo es que para las bases progresistas, no hay alternativas en el terreno electoral.

Necesitamos una plaza Tahrir no violenta, opina el ex vicepresidente Al Gore. Frente al acuerdo para recortar billones en el gasto, demandado por los republicanos, y ante las necesidades sociales se requiere una primavera estadunidense (en referencia a la primavera árabe) para rescatar al país de los derechistas, dijo en su televisora Current TV. Pero para ello, dijo su entrevistador, primero tiene que haber furia.

“Yo creo que el público sí está furioso, pero también deprimido por la falta de liderazgo y la ausencia de un sentir de que puede ganar. Los llamados populares a que Wall Street rinda cuentas no han llevado a ningún lugar, mientras el dinero de Wall Street mantiene disciplinados a los políticos y los activistas se tuitean entre sí hasta la distracción. Los activistas condenan on line al presidente, pero hacen poco para enfrentarlo y demandar otro tipo de acción”, consideró el veterano periodista Danny Schechter en su columna en Reader Supported News.

La imagen de la clase política en manos de los más ricos es documentada por todas partes, con donantes millonarios que financian a candidatos de ambos partidos. De hecho, un nuevo informe del Center for Responsive Politics demuestra que Obama recibe aún más de Wall Street para su relección que lo obtenido en 2008.

Para algunos, las políticas económicas de Obama hasta el momento no son tan diferentes de las de su antecesor, como tampoco su continuación de las dos guerras lanzadas por él, y la omisión en exigir cuentas a los financieros y empresarios que llevaron a esta crisis.

Tal vez por ello no sorprende tanto que Obama baile al compás de la misma música que su antecesor, literalmente. Mark Knoller de CBS News reportó que la campaña electoral de Obama está usando la canción Sólo en América de Brooks y Dunn, en sus actos. George W. Bush la usó mucho en su campaña de relección en 2004.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2011/08/08/opinion/031o1mun

 

panico en Londres

lunes, 8 de agosto de 2011

El bueno, el malo y el loco

Saúl Landau

Progreso Semanal

 

 

La élite política y sus medios estenográficos no clasifican a los tipos de terroristas. Si lo hicieran, obtendríamos al bueno, al malo y al loco.

Como nadie es perfecto, es natural que los virtuosos suministradores de la muerte y la destrucción necesiten flexibilidad. Ocasionalmente ocurren errores. Por ejemplo, cuando aviones norteamericanos sin piloto –un arma básica para los terroristas virtuosos— matan como es de costumbre a civiles en Pakistán, Yemen y otras áreas remotas, en ocasiones el Pentágono admite su honesto error. Los directores de aviones sin piloto, por supuesto, tenían buenas razones para creer que los cadáveres, cuando estaban vivos, eran terroristas y no escolares y amas de casa.

De manera similar a fines de julio, cuando las bombas de la OTAN destruyeron un hospital en Libia, los voceros de la organización antiguamente anti-soviética admitieron un nuevo error bien intencionado. Si la bomba hubiera caído sobre las tropas del malvado (todo el mundo sabe eso) coronel Gadafi o sus seguidores, infirieron, hubieran servido a una causa humanitaria. Después de todo, vean lo que ese traicionero Gadafi había hecho a Estados Unidos y a Europa Occidental. (Él hasta había llegado a acuerdos con compañías petroleras occidentales y abandonado su programa de armas nucleares; como no aprendió la lección de Irak, se hizo vulnerable.)

Mientras el mundo seguía las guerras libia y afgana en las cuales las bombas de los “buenos terroristas” destrozan a veintenas de gente mala y las bombas de los terroristas malo destruyen a otras veintenas de gente buena, pocos prestaron atención (seguramente no los medios) a una celebración en junio en Hialeah, la Florida. El alcalde Carlos Hernández invitó a los medios a “unirse a nosotros en la próxima reunión del Concejo de la ciudad, en el que el activista y artista cubano Luis Posada Carriles recibirá la Llave de la Ciudad de Hialeah, junto con una proclama que instaurará el Día de Luis Posada Carriles en Hialeah”.

La invitación explicaba que a Posada “se le rinden honores por su incansable dedicación al avance de la democracia y para exigir la libertad en Cuba y el hemisferio occidental”.

Nunca quedó claro de qué manera Posada –un luchador por la libertad, y por lo tanto un buen terrorista— se dedicó “al avance de la democracia” siendo el autor intelectual, junto con su colega en el exilio Orlando Bosch (recientemente fallecido después de haber recibido honores múltiples veces en Miami), del sabotaje a un avión comercial cubano sobre Barbados hace casi 35 años. Sin embargo, todos estuvieron de acuerdo con los hechos: 73 pasajeros y tripulantes murieron, La policía de Trinidad arrestó a los esbirros de Posada y de Bosch, los cuales los nombraron a los dos como autores intelectuales del hecho. Las autoridades venezolanas arrestaron entonces al dinámico dúo. (¡El precio que a veces tienen que pagar los buenos terroristas!)

Los sobornos de parte de ricos exiliados y la presión de funcionarios del gobierno norteamericano lograron que los dos héroes salieran en libertad. En pro del avance de la causa de la libertad, las autoridades en ocasiones miran para otro lado.

No critiquemos por criticar la naturaleza de la violencia del exilio cubano. En 1976, exiliados que luchaban por la libertad bombardearon el cuartel general en Miami del FBI y la Oficina de Correos; un gran asunto que en aquel mismo año cinco miembros del Movimiento Nacionalista Cubano trabajaron con la Policía Secreta del dictador chileno Augusto Pinochet para hacerle un atentado con bomba a Orlando Letelier, el ex embajador chileno en Washington, y a su colega Ronni Moffitt, a menos de un kilómetro de la Casa Blanca. Letelier era socialista y Ronni, bueno, daño colateral, como dicen ellos.

Algo de lo que los medios raras veces nos recuerdan es que durante la década de 1960 y la de 1980, inclusive, los luchadores anti-castristas por la libertad mataron en territorio norteamericano, no en Cuba, a veintenas de sus enemigos. Max Lesnik, director de periódico y escritor que está en desacuerdo con los violentos exiliados, fue bombardeado repetidas veces, pero milagrosamente sobrevivió. Nunca entendió la lógica de aquellos cuyo objetivo era derrocar al gobierno cubano reventando bombas en ciudades norteamericanas. A menudo los métodos de los buenos terroristas parecen desafiar la razón humana ordinaria y no parecen ser otra cosa que actos dementes o formas de extorsionar dinero. Pero los medios y políticos clave de la Florida siempre explican que estos asesinos con bombas bien intencionados son apasionados y harán cualquier cosa por la libertad.

A veces explotan sus bombas solo para demostrar un punto. En 1970 el Cine Fifth Avenue de Nueva York anunció que proyectaría mi documental Fidel. La Televisión Pública lo había trasmitido un año antes, un acto de provocación para los exiliados cubanos, ¿Por qué otra razón iban a poner una bomba en la emisora sino para demostrar la perfidia moral de presentar ideas contrarias a las suyas?

Poco antes de iluminarse la pantalla, estallaron bombas en el teatro, lo que hizo que se cancelara la premiere. Semanas más tardem prendieron fuego el cine de Los Ángeles que había anunciado la próxima presentación del filme.

Ninguno de los atentados con bombas, muertes por disparos y otros actos violentos por los exiliados cubanos debiera considerarse como ejemplos de mal terrorismo, ya que no tenían una relación con musulmanes.

Los terroristas malos, como los que destruyeron el World Trade Center y con regularidad se detonan a sí mismos en Afganistán, Irak y Pakistán, y los chiflados que esconden explosivos en sus zapatos y en su ropa interior han obligado al gobierno a reducir nuestras libertades. Así son de peligrosos.

Sin embargo, la categoría de chiflados emerge muy de vez en cuando, el más reciente en Noruega. Los primeros informes de los “expertos acerca de la masacre causada por Anders Breivik culpaban a los jihadistas musulmanes –al igual que hicieron veinte años antes, cuando ex soldados de EE.UU. atacaron con bombas el Edificio Federal de Oklahoma City. Cuando ocurre la violencia en grande, los medios acuden a gente como Stephen Emerson, autodenominado “experto” que inmediatamente culpó de la bomba en Oklahoma a extremistas musulmanes –al igual que hicieron otros “expertos”.

Mientras el asesino de Noruega llevaba a cabo su “misión”, los medios prestaron menos atención a un hombre que disparó contra seis personas en una feria automovilística de Seattle y a otro que mató a su ex esposa y a cinco miembros de la familia de ella en una competencia de patinaje en Texas. ¡Más locos! Otro demente disparó contra la representante Gabby Gifford y contra una docena adicional de personas en Tucson. ¡Asombroso que haya sido un cristiano quien lo hizo!

Los cristianos con armas de fuego han ayudado a que Oakland, en California, se haya ganado el mote de “Pequeña Irak” entre los habitantes de la ciudad. El Unabomber, de quien el carnicero noruego tomó pasajes para su manifiesto de 1 500 páginas, y McVeigh, quien ganó su fama en Oklahoma y de quien cual el noruego obtuvo la fórmula de los explosivos, también pertenecen a la categoría de los locos. Ellos aseguraron que su violencia era parte de una misión más elevada, al igual que hacen los que ordenan a los aviones sin piloto y a los B-52 que asesinen.

Cuando las categorías se confunden, vayan a otra sección del periódico y entérense si Angelina ha adoptado a otro huérfano.

Fuente: http://www.progreso-semanal.com/4/index.php?option=com_content&view=article&id=3667:el-bueno-el-malo-y-el-loco&catid=3:en-los-estados-unidos&Itemid=4

 

sábado, 6 de agosto de 2011

Por primera vez en su historia EEUU fue degradado en análisis financiero

5 Agosto 2011

Casa Blanca considera utilizar reservas de petróleoLa nota del crédito estadounidense fue degradado por primera vez en su historia el viernes cuando la agencia Standard & Poor’s la bajó de “AAA” a “AA+”, argumentando la creciente deuda, el pesado déficit presupuestario y carencias en la planificación de políticas.

S&P añadió “perspectiva negativa” a la nueva calificación, pese a que fuentes del gobierno involucradas en las negociaciones con la agencia criticaron su análisis, al que acusaron de tener fallas “profundas y fundamentales” e intentaron infructuosamente evitar la rebaja.

Según el Tesoro estadounidense, el error en el análisis es de 2 billones de dólares.

“Un análisis con un error de 2 billones de dólares habla por sí mismo”, dijo un portavoz del Tesoro, apenas después de que Estados Unidos perdiera la máxima calificación.

S&P señaló que “la degradación refleja nuestra opinión de que el plan de consolidación fiscal que el Congreso y el gobierno acordaron recientemente se queda corto respecto a lo que, en nuestra visión, debería hacerse para estabilizar la dinámica de la deuda del gobierno a mediano plazo”.

Se trata de la primera vez que Estados Unidos ve bajar su calificación desde que obtuvo por primera vez una triple A, de Moody’s en 1917, nota que también le dio S&P en 1941.

Este revés para el Gobierno estadounidense viene después de que la Casa Blanca y los legisladores Demócratas y Republicanos llegaran el pasado martes a un acuerdo para elevar el límite de endeudamiento tras varios meses de disputas que hicieron temblar a la economía mundial, todavía en proceso de recuperación después de la recesión de 2008.

“La degradación refleja nuestro punto de vista de que la efectividad, estabilidad y previsibilidad en la planificación de políticas e instituciones políticas se han debilitado, en momentos de continuos desafíos fiscales y económicos, a un nivel mayor de lo que preveíamos cuando asignamos una perspectiva negativa” a la nota de Estados Unidos el pasado 18 de abril, agregó el comunicaodo de S&P.

La agencia dijo que la perspectiva negativa apunta a la posibilidad de bajar la calificación a “AA” en dos años si el gobierno no reduce el gasto como ha prometido, o si suben las tasas de interés o surgen nuevas presiones fiscales empeorando el panorama financiero del país.

Y sugirió que cualquier plan de reducción del déficit necesitaría cortes por al menos 4 billones en 10 años. El plan acordado entre los confgresistas y la Casa Blanca prevé cortes por 2,4 billones de dólares.

Moody’s y la tercera gran agencia calificadora, Fitch, afirman que continuarán estudiando el plan del déficit para ver si mantienen a Estados Unidos entre las naciones con nota AAA.

Una degradación de la nota supondría una situación embarazosa para Estados Unidos, y podría aumentar el costo del crédito para el Gobierno estadounidense.

Al ser el dólar y los bonos del Tesoro centrales para el comercio y las finanzas globales, una rebaja en la calificación podría en teoría golpear a la economía mundial, añadiendo una nueva preocupación tras la crisis de la eurozona.

“La incertidumbre respecto a los efectos que puede tener sobre el mercado es elevada”, había afirmado recientemente el banco de inversión Goldman Sachs en un análisis de las potenciales consecuecias de una degradación, que, en efecto, podría empujar a los inversores a una reevaluación generalizada de los reisgos.

Pero otros analistas cuestionan el impacto que podría tener esta reducción sobre la demanda de la deuda estadounidense, al argumentar que las calificadoras tienen poca credibilidad, y dudan si los mercados las tomarán realmente en cuenta.

Moody’s y Fitch reafirmaron su calificación Triple A poco después de que Obama firmara la ley que eleva el techo de endeudamiento público el martes.

Standard & Poor’s es considerada la más influyente entre las tres grandes calificadoras y ha sido la más agresiva en su notación de la deuda estadounidense, cuya perspectiva ya había bajado de “estable” a “negativa” en abril pasado.

(Con información de AFP)

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Teorías de la sucesión hegemónica

Claudio Katz

Rebelión

 

 

Algunos teóricos del declive estadounidense asocian cada etapa de la historia contemporánea con la preeminencia de una potencia hegemónica. Estiman que los candidatos a ejercer el futuro liderazgo emergerán de un eje europeo o de un centro asiático. Pero los indicios de este recambio son muy controvertibles.

¿Reemplazo europeo?

Los autores que vislumbran al Viejo Continente como la nueva región hegemónica estiman que la formación de la Unión, la consolidación del euro y las alianzas con Rusia afianzarán esa primacía. Consideran que este escenario podría cobrar forma antes del año 2025. (1)

Otra previsión destaca que Alemania abandonará su obediencia a Washington e impondrá un perfil dominante en Europa. Afianzará su capacidad para sortear las crisis, con productividad creciente y ausencia de derroches bélicos. También señala que Estados Unidos intentará frenar este ascenso, aunque sólo ha conseguido alineamientos ocasionales y pérdida de autoridad, en un marco de escasa influencia de su aliado británico. (2)

Un diagnóstico semejante es más cauteloso. Estima que Europa saldrá airosa si logra consolidar un mercado continental, gestionando su moneda, rivalizando con el dólar, recuperando preeminencia tecnológica y reactivando su presencia militar. (3)

Pero la corroboración de estas caracterizaciones choca con la sistemática debilidad que exhibe la Unión Europea. Mantiene un persistente sometimiento a la OTAN y acompaña todas las agresiones que resuelve el Pentágono. La crisis reciente puso de relieve, además, la fragilidad económica y heterogeneidad de la Unión. Cada estado privilegió la defensa de sus propios capitalistas a costa del vecino, mediante aumentos del gasto público que deterioraron las finanzas comunitarias. Algunos países privilegiaron la continuidad de sus negocios con el Este, otros apuntalaron su actividad en África y ciertos estados jerarquizaron los acuerdos con América Latina. Esta falta de cohesión volvió a ilustrar la ausencia de un capital plenamente europeo. El grueso de las firmas se ha internacionalizado con más operaciones a nivel global que a escala continental.

El euro debió testear por primera vez su consistencia ante una gran convulsión y su sostenimiento obliga a un fuerte ajuste de las economías más frágiles. El anclaje que impuso el Banco Central con tasas de interés superiores a Estados Unidos obstaculizó la salida de la recesión.

La Unión Europea continúa una evolución imprevista. Se expande hacia el Este sin estrategias claras y busca un perfil institucional que no logra definir. Los criterios geográficos, históricos y culturales utilizados para legitimar la Comunidad, tampoco obtienen gran consenso. En comparación a la agenda imperial estadounidense, las propuestas europeas son inconsistentes. Estas limitaciones no son definitivas, pero indican una tendencia que se ratifica en cada conflicto internacional.

Probablemente esas carencias obedezcan al legado localista de una construcción continental basada en pequeños estados-naciones, que comparten cierta cultura pero no logran forjar una identidad común. Se ha creado una moneda y un área de libre-comercio, pero sin coherencia productiva y mercados de trabajo unificados.

Por estas razones el paradigma estadounidense continúa gravitando dentro de la propia Unión. Europa tuvo aptitudes para comandar el viejo colonialismo y el naciente imperialismo, pero no reúne por sí misma condiciones para liderar un estadio más global del capitalismo.

Las ventajas que mantiene Estados Unidos no provienen de la ética protestante, ni de la desregulación laboral. Esos rasgos no determinan la primacía imperial. Lo definitorio no es la superioridad militar que subrayan muchos comentaristas, sino la presencia de un estado acabadamente imperialista junto a la internacionalización de una clase dominante, más adaptada al contexto creado por la mundialización neoliberal.

Un período de mayores posibilidades de ascenso europeo quedó bloqueado con el fracaso del proyecto francés autónomo del gaullismo. Esa frustración fue seguida por consolidación del atlantismo, que generó el ingreso a la Unión del socio británico de Washington. Este desenlace reforzó a su vez la aplicación de políticas neoliberales, que tienden a destruir una arraigada cultura democrática. Ese legado mantuvo distante durante cierto período a Europa de las pautas político-sociales dictadas por Estados Unidos al resto del mundo. Pero en la actualidad esa tradición tiende a diluirse.

Las limitaciones del Viejo Continente para reemplazar la supremacía estadounidense se expresan, además, en la fragilidad de la política exterior europea y en las inconsistencias internas de la estrategia comunitaria. Hay dificultades para forjar un estado federal a escala continental y para erigir una clase dominante cohesionada, a partir de la unificación monetaria.

¿Sustitución asiática?

Los autores que localizan los desafiantes del poder estadounidense en la región asiática se apoyan en un dato incuestionable: el creciente desplazamiento económico del Atlántico hacia el Pacífico. Deducen de este viraje el surgimiento de un nuevo liderazgo imperial. Sus voceros estimaron durante la década pasada que Japón conduciría ese ascenso.

Esta evaluación se basaba en el comando nipón de un sistema de subcontratación manufacturero, compuesto por empresas integradas que externalizan sus actividades, aprovechando la baratura zonal de la fuerza de trabajo. Forjaron un modelo centrado en la exportación, la reducción de costos y la capacidad organizativo-empresaria. Se suponía que Japón transmitiría al resto de la región su esquema de productividad toyotista, inspirado en moldes patriarcales, rotaciones de equipos de trabajo y altísima disciplina laboral. (4)

Pero el predicamento que tuvo ese diagnóstico durante los años 90 decayó abruptamente al comienzo del siglo XXI. El giro hacia una localización industrial en Oriente ha quedado confirmado. Sin embargo, el nuevo desenvolvimiento asiático incluye la presencia de grandes transnacionales estadounidenses (y europeas), depende de mercados de consumo ubicados en la tríada y ha perdido el liderazgo inicial de Japón. Este último retroceso es un elemento decisivo en todos los debates sobre la sustitución hegemónica de Estados Unidos.

La incapacidad nipona para continuar su despliegue obedeció a la continuidad de un modelo exportador, que no logró complementarse con mayor centralidad del mercado interno. A lo hora de consumar un giro hacia esta nueva prioridad, salieron a flote los límites de un desarrollo históricamente asentado en la austeridad, la estrechez del poder adquisitivo y el escaso peso del gasto familiar.

El fallido viraje hacia el consumo local condujo a un largo período de estancamiento, deflación y burbujas inmobiliarias, que persiste hasta la actualidad. Las corporaciones niponas tampoco pudieron consolidar su incipiente penetración en Estados Unidos. La oleada de adquisiciones empresarias que desató tantos escándalos en los años 90 concluyó sin pena ni gloria y confirmó las dificultades del modelo nipón para la inversión foránea en gran escala.

Todas las expectativas de sustitución del modelo estadounidense por un esquema japonés quedaron desmentidas. Cuando la potencia asiática se transformó en la segunda economía del planeta y debió batallar con Estados Unidos, no encontró ningún camino parar batir a su rival. Al cabo de varias reyertas, Japón sostuvo el dólar, revaluó el yen, limitó las exportaciones y aceptó la reorganización financiera sugerida por Washington. Los excedentes nipones solventaron incluso gran parte de la reestructuración industrial y el gasto militar estadounidense.

Este desenlace obedece a causas políticas. El viejo imperio del sol naciente emergió de la Segunda Guerra como un país ocupado, carente de personal dirigente autónomo y sometido al mandato estadounidense. Esta situación inicial de protectorado se disipó con el tiempo, pero el país nunca recuperó una gestión política totalmente propia. (5)

Japón representa un caso extremo de sometimiento a la protección militar del Pentágono. Carece de un ejército acorde con su desenvolvimiento económico y esta limitación explica la enorme debilidad del país frente a las presiones de su custodio. Es evidente que una potencia emergente no puede reemplazar el liderazgo establecido renunciando al uso de la fuerza militar.

Este antecedente es importante a la hora de juzgar la actual irrupción de China, que es vista por los teóricos del ascenso japonés como la nueva posibilidad de reemplazo estadounidense. (6)

Pero esa eventualidad debería superar los escollos que no logró atravesar Japón. El nuevo emergente tendría que asegurar la continuidad de un crecimiento regional coordinado, no sólo en terreno monetario, financiero e industrial, sino también en el plano político-militar. China debería sortear muchos obstáculos, antes de convertirse en la cabeza de un conjunto de potencias (Japón) y economías (Corea del Sur, Taiwán), que han dependido mucho más que Europa de la protección estadounidense. El futuro de China como hegemonista mundial depende a su vez de la compleja variedad de procesos que acompañan al ascenso de las economías intermedias.

Muchos autores reconocen estas limitaciones y postulan diagnósticos más ambiguos. Estiman que la crisis del liderazgo estadounidense coexiste con la ausencia de un reemplazante a la vista. Consideran que esta situación abre un período de creciente desobediencia y multiplicación de las fuerzas centrífugas. (7)

Pero este retrato conduce a evaluaciones contradictorias, que relativizan todas las tendencias en juego. Supone una declinación estadounidense sin reemplazante en un escenario puramente caótico, que no es compatible con el ejercicio de alguna autoridad internacional.

El problema de esta indefinición radica en olvidar que la vigencia del imperialismo presupone la subsistencia de fuerzas capaces de asegurar la reproducción global del capitalismo. Si la expansión de este sistema continúa es porque hay una estructura de dominación, que tiene un mando y despliega acciones bajo los órdenes de Estados Unidos.

Una controvertible recurrencia

Algunos teóricos de la declinación estadounidense presentan un esquema historiográfico de auges y ocasos de las potencias. Destacan que estos liderazgos emergieron al cabo de sangrientas guerras y desenlaces entre dos aspirantes a reemplazar al dominador. Al perder la batalla, ese conductor concluyó aceptando un rol de asociado menor.

Este enfoque considera que los candidatos actuales a la sucesión (de Europa o Asia) repiten la disputa que opuso en el pasado a Gran Bretaña con Francia (para sustituir a Holanda) y a Estados Unidos con Alemania (para reemplazar a Inglaterra). Esta pugna debería durar tres décadas y culminar con el desplazamiento estadounidense. Aunque también cabe la posibilidad que Washington posponga con acciones agresivas, la larga agonía que sufre desde los años sesenta. (8)

Otro argumento semejante considera que los ascensos y las declinaciones concuerdan con fases de prosperidad material y expansión financiera. Ambos procesos conformaron ciclos sistémicos de acumulación, bajo hegemonía genovesa (siglo XV-XVII), liderazgo holandés (XVI- XVIII), supremacía británica (XVIII-XIX) y conducción estadounidense (XX). (9)

Estas teorías aportan un fundamento para el pronóstico de caída estadounidense, pero no explican por qué razón la sucesión de liderazgos constituye una pauta tan inexorable. Indican un elemento cierto de la dinámica histórica, pero que no opera como regulador de la evolución social.

El principal problema de las analogías expuestas es la omisión de las diferencias cualitativas que distinguen a cada hegemonía. Suponer que Estados Unidos seguirá la trayectoria previa de Holanda o Inglaterra requiere también postular la repetición de las confrontaciones que precedieron al surgimiento de esos imperios. Esas batallas no se han repetido desde la mitad del siglo XX. Los candidatos europeos o asiáticos al reemplazo estadounidense deberían adoptar, además, la actitud desafiante de sus antecesores y no la inclinación contemporánea a la asociación imperial.

Frente a estas dificultades, algunos autores optan por una versión atenuada de la tesis del declive. Estiman que Estados Unidos ha demostrado mayor capacidad de resistencia y ha creado una situación análoga a la larga declinación que sufrió España. Esa decadencia insumió siglos y podría repetirse, puesto que el gigante estadounidense apela también a los recursos que utilizaron Gran Bretaña, Turquía y Austria para posponer su declive. (10)

Pero la presentación de procesos tan prolongados de regresión impide cualquier análisis concreto. Si el declive se consumará en el siglo XXIII: ¿qué sentido exacto tiene su caracterización actual? Es totalmente imposible analizar el significado de cualquier fenómeno en esos términos meta-históricos. Las magnitudes cronológicas en juego desbordan cualquier posibilidad de reflexión.

Un error metodológico más significativo proviene del tratamiento indiscriminado que se le brinda a modos de producción muy diferenciados. Para comparar el rol jugado por Roma, Holanda, Gran Bretaña y Estados Unidos, hay que reconocer la distancia que separa a los regímenes esclavistas, feudales y capitalistas. La atención excluyente en el auge y la declinación de estos imperios, suele omitir la brecha abismal que mantuvieron esos regímenes sociales.

Presuponer un destino predeterminado de sucesiones hegemónicas conduce a indagar todos los acontecimientos, en clave de auge y ascenso del comando mundial. En lugar de analizar el curso real del proceso histórico, se intenta registrar el cumplimiento de una ley pendular de la inexorable pérdida de gravitación del imperialismo estadounidense. En algunos casos este diagnóstico es postulado a partir de resultados coyunturales adversos para la dominación estadounidense. Pero se olvida que estos fracasos no revirtieron el continuado liderazgo de Washington.

El ascenso y declive de las potencias no es un proceso deductivo a priori. Tampoco puede evaluarse con estimaciones de los costos y los beneficios, que una u otra situación ocasiona a cada potencia. La perdurabilidad de una hegemonía global depende de condiciones políticas y sociales cambiantes, que no siguen pautas de liderazgos sustitutos. Presuponer esa secuencia implica vislumbrar todo el proceso histórico como un eterno retorno hacia lo mismo. Esta mirada es más afín a las filosofías fatalistas, que a los análisis materialistas de las causas que conducen a cierto liderazgo imperial.

Las hegemonías de las potencias han cumplido efectivamente un importante papel geopolítico, pero siempre presentaron un carácter limitado y dependiente de las relaciones sociales de fuerza. Por esta razón, el futuro papel de Estados Unidos no puede ser deducido de un destino de ocaso. Está directamente atado a la forma en que se mantendrá o no el sostén coercitivo del capitalismo.

La controvertida noción de auge y decadencia de las potencias está concebida en función del grado de adaptabilidad, que logra cada actor a cierto contexto geopolítico. Pero esta caracterización se torna muy unilateral cuando se observa sólo el comportamiento de las clases dominantes. Lo acertado es prestar especial atención al desenvolvimiento de la lucha de clases, en un marco de cambiantes condiciones objetivas.

El enfoque de las sucesiones propone muchas evaluaciones de la “historia por arriba”, que protagonizan las potencias rivales y aporta pocas observaciones de “la historia por abajo”, que procesan los sujetos populares. Esa mirada impide notar que la simple reproducción estadounidense de la declinación genovesa, holandesa o británica choca en la actualidad con la mayor gravitación contemporánea de las resistencias sociales.

Si se jerarquiza esta última dimensión, lo más importante es el análisis de la derrota del imperialismo estadounidense y no de su declinación. Ese primer resultado no surge de un devenir intrínseco de la historia, sino que emerge de la acción política popular. Lo que pone en peligro al intervencionismo estadounidense actual es justamente ese combate, cuyo estudio debe ser privilegiado al momento de evaluar el devenir de la primera potencia.

La teoría del declive contiene ingredientes de un determinismo muy extremo. En la discusión que suscita esa metodología frecuentemente se subrayan, también, los elementos de contingencia que incluye esa concepción. Se remarca que la transición de un liderazgo a otro está signada por un período de caos, con múltiples posibilidades de desenlace. El reemplazo de Gran Bretaña por Estados Unidos a fines del siglo XIX es presentado justamente como un ejemplo de influencias aleatorias, que pospusieron una secuencia de sustitución. (11)

Pero una acertada dialéctica entre condicionantes estructurales y circunstancias azarosas no es compatible con el presupuesto del reemplazo hegemónico inexorable. La supremacía estadounidense atraviesa actualmente por una crisis, cuyo final es desconocido. No está escrito en ningún lado que concluirá con el ascenso de un contrincante o con el reciclaje del propio liderazgo, en otro contexto de asociación imperial.

Debates historiográficos

La teoría de las sucesiones hegemónicas postula que las primeras conducciones se remontan a la formación del capitalismo como un sistema internacional en el siglo XVI. Algunos autores consideran que el imperialismo acumula también cinco centurias de existencia. Transitó por una etapa inicial de pillaje, un período posterior de supremacía comercial y una fase subsiguiente de liderazgo industrial-financiero. La reproducción global del capital no es vista como un estadio, sino un dato permanente del sistema desde sus orígenes. (12)

Otras interpretaciones atribuyen las hegemonías imperiales inauguradas en esa época, a distintas combinaciones de lógica territorial (supremacía militar y control geopolítico) y lógica económica (manejo de los recursos escasos). El predominio de las ciudades italianas (Venecia, Florencia, Génova y Milán entre 1340 y1560) es explicado por el comercio de larga distancia, en complementariedad con el territorialismo ibérico. El liderazgo holandés (1560-1780) es presentado como una primacía de redes financiero-comerciales cosmopolitas actuando con sustento militar propio. El ciclo británico (1740-1930) es caracterizado por la implantación de colonos y un control de mares, que permitió imponer la primacía del libre-comercio y el patrón oro.

Finalmente el largo período estadounidense (1870-2000) se evalua como una forma de territorialismo doméstico (expulsión de los indios e incorporación de inmigrantes), en una economía auto-céntrica que alcanzó status mundial hegemónico con la supremacía del dólar y Wall Street. Se supone que esta variedad de hegemonías operaron dentro de un mismo sistema de acumulación mundializado, que estuvo comandado por sucesivas instancias de ciudades estado (Génova), estados proto-nacionales (Holanda), estados multinacionales (Gran Bretaña) y estados continentales (Estados Unidos). (13)

Con este mismo razonamiento, la teoría del sistema-mundo inscribe los distintos liderazgos imperiales (Holanda 1625-1672, Gran Bretaña 1815-1873 y Estados Unidos 1945-67), en un mismo soporte de economías capitalistas vigentes desde fin del Medioevo. Esta concepción define implícitamente al capitalismo por el predominio del comercio. Siguiendo a Pirenne y Braudel, ubica el nacimiento del sistema en el siglo XVI y le asigna un alcance mundial desde esa fecha. (14)

Pero, en realidad, el capital mercantil sólo constituyó una precondición del desarrollo capitalista. Posteriormente esa modalidad aseguró los intercambios que reprodujeron al sistema y complementaron la extracción de plusvalía. El capitalismo se forjó nacionalmente en torno a este cimiento y desenvolvió paulatinamente un mercado mundial, articulando relaciones capitalistas, semi-capitalistas y pre-capitalistas. Un abismo histórico separa a los industriales que explotan a los asalariados de los comerciantes que intercambiaban productos en el siglo XVI.

Al identificar al capitalismo con el comercio se olvida que esa actividad es compatible con distintos modos de producción y no define la singularidad de un sistema basado en tres rasgos: imperativo de la competencia, maximización de la ganancia y explotación de los asalariados.

El capitalismo se constituyó mediante un proceso de proletarización, centrado en la evolución del mercado laboral y no en los avatares del comercio mundial. Su origen nacional justamente obedece a un basamento social en la expropiación de los productores directos. El sistema sólo adoptó formas internacionales en la madurez de la acumulación.

Las miradas centradas en el comercio privilegian los procesos de circulación en desmedro de la dinámica productiva y difunden una imagen de pan-capitalismo vigente desde siglo XVI. Estos enfoques conducen a observar los excedentes como simples resultados del intercambio y omiten su basamento en la plusvalía confiscada a los trabajadores.

La teoría del capitalismo mundial atribuye la supremacía lograda por cada potencia, a su aptitud para amoldarse a la combinación de lógica económica y territorial vigente en cada etapa. Pero en realidad el primer criterio ha prevalecido sobre el segundo, a medida que maduró el capitalismo. Ambos parámetros no son equivalentes, puesto que el peso de la coerción económica aumenta al expandirse la acumulación.

A partir de la supremacía estadounidense, el capitalismo se ha expandido sin necesidad de capturas territoriales equivalentes, ni imposiciones coloniales. Desde la mitad del siglo XX ya no rige el viejo paralelismo entre expansión económica y predominio geopolítico-militar. Comprender esta modificación es vital para caracterizar al imperialismo contemporáneo.

El imperio del capital

Es necesario reconocer las contundentes diferencias que separan a los imperios que antecedieron y sucedieron al surgimiento del capitalismo. En las primeras variantes prevalecía la coerción extra-económica, la conquista de territorios y el establecimiento de colonias. En las segundas predomina una modalidad de dominación opaca, impersonal y poco transparente. Las formas de opresión tampoco pueden subsistir en este caso sin acciones político-militares, pero su cimiento son las relaciones capitalistas.

Esta distinción permite retomar la separación establecida por Lenin entre variedades imperiales pre y pro capitalistas. Esta diferencia evita las comparaciones que ignoran la brecha existente entre formas de opresión económicas y extraeconómicas.

Los antiguos imperios de la propiedad como Roma, eran muy distintos a sus equivalentes actuales. Estaban asentados en el dominio de una aristocracia latifundista, que absorbía las elites de las regiones conquistadas. Mediante esa red se administraron los nuevos territorios reforzando la esclavitud, hasta que las invasiones bárbaras provocaron la fragmentación feudal, el colonato y la subdivisión de la propiedad. Otro imperio del mismo tipo rigió en China, pero en este caso sostenido en una burocracia jerárquica y centralizada, que bloqueaba el surgimiento de los señores locales.

España constituyó un tercer caso del mismo modelo, basado en la ampliación de la propiedad. El otorgamiento de tierra a cambio de servicios militares permitió la Reconquista frente a los moros y brindó una pauta para gestar el imperio hispanoamericano. Ese sistema de encomiendas para utilizar la fuerza de trabajo de los indígenas perduró, hasta que las elites americanas socavaron la autoridad de la inmensa burocracia colonial en un contexto de grandes rebeliones indígenas.

En ninguno de estos casos rigió la dinámica capitalista de la competencia por beneficios surgidos de explotación. Predominaron formas de captura territorial afines al gigantismo de Roma, pero totalmente alejadas de las formas de dominación del capitalismo contemporáneo. Las frecuentes analogías entre ambas situaciones olvidan esas divergencias cualitativas.

Estas asimetrías se verifican también en el análisis de todos los imperios comerciales del Medioevo. El entramado gestado en torno al mundo árabe-musulmán vinculó a comunidades dispersas, que sustituyeron la cohesión política por pautas religiosas. Estas normas aportaron un código de acción comercial y cultural para las elites urbanas (Bagdad, Cairo), pero ese nexo no implicaba imperativos capitalistas, en sociedades mayoritariamente agrarias y gobernadas por la lógica coercitiva de los impuestos.

En este mismo cimiento se asentaron las ciudades-estado italianas (Génova, Venecia, Florencia), controladas por aristocracias acreedoras de los monarcas, que operaban en el Mediterráneo mediante mercenarios y monopolios comerciales. Ese fundamento nutrió también a la enorme población urbana de la república de Holanda, que manejó las rutas marítimas con compañías comerciales, en desmedro de los tributos y la dominación territorial.

Ninguno de estos tres imperios comerciales alcanzó un status capitalista. Se regían por el principio de comprar barato y vender caro, es decir por mecanismos diferentes a la competencia de precios por reducir costos, aumentando la productividad y explotando el trabajo asalariado.

Este tipo de imperios pre-capitalistas fue sucedido por las distintas modalidades del colonialismo, que emergieron junto a las nacientes potencias europeas. Estos modelos contribuyeron a consumar la acumulación primitiva de capital, mediante la expoliación de América, la esclavitud de África y el saqueo de ultramar. Recurrieron a la disputa militar por territorios y al exterminio de la población local, para consumar esa depredación. El imperialismo contemporáneo incluye también brutalidades del mismo alcance, pero persigue objetivos de lucro basados en la explotación y no en el genocidio. Se desenvuelve apuntalando más la acumulación que el pillaje.

El colonialismo posterior asumió formas más próximas al capitalismo, especialmente en el modelo británico de establecimiento de poblaciones en las tierras apropiadas. Este esquema de asentamientos fue inaugurado en el laboratorio irlandés, junto a la introducción de novedosas reglas de beneficio, productividad e inversión en la agricultura. Esta forma de expansión alcanzó gran desarrollo en las colonias estadounidenses, donde una población huida de las guerras religiosas desarrolló prósperos farmers en conflicto con la metrópoli.

Esas modalidades pro-capitalistas sólo fueron instauradas por el colonialismo inglés en ciertas regiones. En el grueso del imperio se reconstituyó la esclavitud (Sur de Estados Unidos, Caribe) o se impuso la tributación colonial (India) para los asegurar mercados a la exportación manufacturera. (15)

El colonialismo constituyó un eslabón intermedio en el proceso de surgimiento del imperialismo clásico, que alcanzó dimensión mundial entre 1880 y 1914. Pero incluso en ese período ya capitalista, existían todavía regiones divorciadas de la norma de la acumulación y por esta razón, la conquista territorial gravitaba frente a los imperativos económicos. El imperio pleno del capital irrumpió solamente durante el siglo XX. Recordar esta cronología es vital para ubicar todas las comparaciones en un terreno conceptual acertado.

Notas:

1) Wallerstein Immanuel Capitalismo histórico y movimientos anti-sistémicos: un análisis de sistemas – mundo, 2004, Akal, Madrid. (cap 28). Wallerstein Immanuel. “El tigre acorralado”. Página 12 14-9-06.

2) Todd Emmanuel “El ilusorio poder ilimitado de EEUU”- La Hoja Latinoamericana rodelu.net 5-1-2004.

3) Carchedi Guglielmo, "The EMU, monetary crisis and the single european currency", Capital and class, n 63, autumn 1997.

4) Esta tesis en: Freeman Christopher, Clark John, Soete Luc, De¬sem¬pleo e innovación tecnológica (cap 9), Ministe¬rio Segu¬ridad Social, Madrid, 1985. Castells Manuel, La era de la información, vol 1, La sociedad red, (cap 3), Alianza Editorial, Madrid, 1996. Coriat, Benjamín, Pensar al revés, Siglo XXI, 1992, México (cap 1).

5) Ver: Murphy Taggart, “A loyal retainer, Japan, capitalism and the perpetuation of America hegemony”, Socialist Register 2011 The Crisis This Time Sep 2010.

6) Es el enfoque de: Arrighi Giovanni. El largo siglo XX. Akal, 1999 (Introducción, Epílogo)

7) Yunes Marcelo, “Imperialismo y teoría marxista en América Latina”, Socialismo o Barbarie, n 23-24, diciembre 2009.

8) Wallerstein Immanuel Capitalismo histórico y movimientos anti-sistémicos: un análisis de sistemas – mundo, 2004, Akal, Madrid. (cap 13, 16, 26, 28).

9) Arrighi Giovanni. El largo siglo XX, Akal, 1999 (introducción).

10) Kennedy Paul. “Ningún estado es inmortal” Clarín, 20-6-07. Ver tesis general en: Kennedy Paul, Auge y caída de las grandes potencias, Ediciones de Bolsillo, Barcelona 2004.

11) Arrighi Giovanni, “The winding paths of capital”, New Left Review 56, Mars-April 2009, London

12) Taab William. Imperialism: In tribute to Harry Magdoff, Monthly Review vol 58, n 10, march 2007.

13) Arrighi Giovanni. El largo siglo XX. Akal, 1999 (Introducción, cap 1, 2, 3, 4)

14) Wallerstein Immanuel Capitalismo histórico y movimientos anti-sistémicos: un análisis de sistemas – mundo, 2004, Akal, Madrid. (cap 5, 7, 14,16, 32)

15) Una detallada comparación entre los distintos tipos de imperios presenta: Wood Ellen Meiskins, Empire of Capital, Verso 2003, (cap 3 ,2,4, 5).

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Claudio Katz es economista, Investigador y profesor. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda).