lunes, 1 de noviembre de 2010

Reflexión de Fidel Castro, La sublevación en la ONU (Primera Parte)





Escrito por Luis Enrique Gonzalez

lunes, 01 de noviembre de 2010


31 de octubre de 2010, 23:12La Habana, 1 nov (PL) La sublevación en la ONU, Primera Parte, es el título de la más reciente reflexión del líder de la Revolución cubana, Fidel Castro.

Prensa Latina transmite a continuación su texto íntegro:

La sublevación en la ONU (Primera parte)

La reunión el pasado martes 26 de octubre de la Asamblea General de la ONU, que se supone sea la máxima autoridad política del planeta, fue convocada con un objetivo tantas veces repetido que ya es familiar: "Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba."

Es el proyecto más discutido, más aprobado y nunca cumplido en la historia de las Naciones Unidas.

Todos sabemos que, si tal imputación se hiciera contra Cuba o cualquier otro país latinoamericano o caribeño, y éste no se diera siquiera por aludido, sobre ese país lloverían raíles de punta. El acto detestable que con tanta claridad y precisión se atribuye a "Estados Unidos de América", cuyo cese se demanda, está calificado en el derecho internacional como "acto de genocidio".

Se eleva ya a 19 el número de veces que, desde el año 1992, se viene aprobando por la Asamblea General, demandando el cese de esa abusiva y criminal acción. Pero si crecía el número de veces que se reiteraba y aprobaba la Resolución, crecía también el número de países que le ofrecían su apoyo, disminuía el de los que se abstenían y el minúsculo grupito que votaba contra ésta. En la última, fueron ya solamente dos los que la rechazaron y tres los que se abstuvieron al votar, cuyos nombres corresponden a pequeños Estados que en realidad son dependencias coloniales de Estados Unidos.

Un hecho a tener en cuenta es que en el mundo se han producido grandes cambios desde que se fundó la ONU, cuando todavía no habían cesado los combates de la Segunda Guerra Mundial, que costó 50 millones de vidas y una enorme destrucción. Muchos países que hoy constituyen la mayoría de las Naciones Unidas, eran todavía colonias de las potencias europeas, que se habían apoderado por la fuerza del territorio de la mayor parte del mundo y, en algunos continentes, casi de su totalidad. Cientos de millones de personas, en no pocos casos, de civilizaciones mucho más antiguas y de superior cultura, fueron sometidos al coloniaje en virtud de la superioridad en armamento de los agresores.

Cuba no fue una excepción.

En este hemisferio, la última colonia de España fue nuestro país, por sus riquezas en productos agrícolas escasos y de gran demanda entonces, que surgían de las manos laboriosas de campesinos libres y cientos de miles de esclavos de origen africano. Cuando las demás colonias de España se habían liberado en las primeras décadas del siglo XIX, ésta mantenía con mano de hierro y los métodos más despóticos su colonia en Cuba.

En la segunda mitad de ese siglo, nuestra isla, en la que España soñó tener un baluarte para la reconquista de sus antiguas colonias en Suramérica, fue cuna de un profundo sentimiento nacional y patriótico. El pueblo cubano inició la batalla por su independencia casi 70 años después que las demás naciones hermanas de América Latina, sin más armas que el machete con que se cortaba la caña, y el brío y la rapidez de los caballos criollos. En poco tiempo los patriotas cubanos se volvieron temibles soldados.

Treinta años más tarde nuestro sufrido pueblo estaba a punto de alcanzar sus objetivos históricos en la lucha heroica contra una decadente pero tozuda potencia europea. El ejército español, a pesar del enorme número de soldados que contaba, era ya incapaz de mantener la posesión de la isla, donde sólo controlaba las principales áreas urbanas y estaba a punto del colapso.

Fue entonces cuando el pujante imperio, que nunca ocultó su intención de apoderarse de Cuba, interviene en aquella guerra tras declarar cínicamente que "el pueblo de la isla de Cuba es y de derecho debe ser libre e independiente".

Finalizada la contienda, a nuestro país se le negó el derecho a participar en las negociaciones de paz. El gobierno español consumó la traición a Cuba poniéndola en manos de sus interventores.

Estados Unidos se apoderó de los recursos naturales, las mejores tierras, el comercio, los bancos, los servicios y las principales industrias del país. Nos convirtió en neocolonia. Eso tuvimos que soportar durante más de 60 años, pero volvimos a ser independientes y jamás dejaremos de luchar. Con estos antecedentes, los lectores de otros países comprenderán mejor las palabras de nuestro canciller Bruno Rodríguez el 26 de octubre de este año.

El debate comenzó a las 10 de la mañana.

Primero hablaron 5 países en nombre del Grupo de los 77, el Movimiento de Países No Alineados, la Unión Africana, el CARICOM y el MERCOSUR, apoyando todos la Resolución.

Después hicieron uso de la palabra 14 países, entre ellos dos que tienen más de mil millones de habitantes cada uno: China e India, con casi 2 500 millones entre ambos; otros que cuentan con más de cien, como la Federación Rusa, Indonesia y México; otros 9 con reconocido papel en la vida internacional: Venezuela, República Islámica de Irán, Argelia, Sudáfrica, Islas Salomón, Zambia, Gambia, Ghana y Barbados; 19 intervenciones antes de Bruno.

Su discurso fue lapidario. Citaré muchas veces párrafos enteros de sus palabras. Lo inició con una referencia a los graves peligros de guerra que nos amenazan y añadió:

"Para sobrevivir, es imprescindible un salto en la conciencia de la Humanidad, sólo posible mediante la difusión de información veraz sobre estos temas que la mayoría de los políticos esconden o ignoran, la prensa no publica y que, para la gente, son tan horrorosos que parecen increíbles."

��la política de los Estados Unidos contra Cuba no tiene sustento ético o legal alguno, credibilidad ni apoyo. Así lo demuestran los más de 180 votos en esta Asamblea General de las Naciones Unidas que en los últimos años han reclamado que se le ponga fin al bloqueo económico, comercial y financiero."

"El rechazo de América Latina y el Caribe es enérgico y unánime. La Cumbre de la Unidad, celebrada en Cancún, en febrero del 2010, lo expresó resueltamente. Los líderes de la región lo han comunicado directamente al actual Presidente norteamericano. Puede asegurarse que el repudio expreso al bloqueo y a la Ley Helms-Burton identifica, como pocos temas, al acervo político de la región.

"Visiones igualmente inequívocas han sido refrendadas por el Movimiento de Países No Alineados, por las Cumbres Iberoamericanas, por las Cumbres de América Latina y el Caribe con la Unión Europea, por la Unión Africana, por las Cumbres del Grupo ACP y prácticamente por cualquier conjunto de naciones que se haya pronunciado a favor del Derecho Internacional y el respeto a los principios y propósitos de la Carta de la ONU.

"Es amplio y creciente el consenso en la sociedad norteamericana y en la emigración cubana en ese país contra el bloqueo y a favor del cambio de política hacia Cuba. [...] el 71% de los estadounidenses abogan por la normalización de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidosâ
��"

"Las sanciones contra Cuba permanecen intactas y se aplican con todo rigor.

"En el año 2010, el cerco económico se ha endurecido y su impacto cotidiano sigue siendo visible en todos los aspectos de la vida en Cuba. Tiene consecuencias particularmente serias en esferas tan sensibles para la población como la salud y la alimentación."

De inmediato señala una serie de crueles medidas que afectan sensiblemente a niños con delicados problemas de salud, que el Gobierno de Estados Unidos no podría desmentir.

Luego expresa:

"Las multas de los Departamentos del Tesoro y Justicia contra entidades de su país y de Europa en este último año, por transacciones realizadas con Cuba, entre otros Estados, superan en su conjunto los 800 millones de dólares."

Prosigue informando:

"La confiscación de una transferencia de más de 107 mil euros pertenecientes a la compañía Cubana de Aviación y realizada por medio del Banco Popular Español desde Madrid a Moscú, constituyó un verdadero robo."

A continuación, nuestro Ministro de Relaciones Exteriores señala algo de mucha importancia sobre los efectos del crimen grosero contra la economía de Cuba, dada la tendencia a mencionar cifras históricas sobre el monto en dólares del valor de un bien mueble o inmueble, un préstamo, una deuda o cualquier otra cosa que sea medible en dólares norteamericanos, sin tener en cuenta el valor constantemente decreciente del dólar en las últimas cuatro décadas. A modo de ejemplo cito un refresco harto conocido: Coca Cola -sin cobrar nada por la publicidad. Hace 40 años costaba 5 centavos, hoy su precio fluctúa en cualquier país entre 150 y 200 centavos de dólar.

Bruno expresa:

"El daño económico directo ocasionado al pueblo cubano por la aplicación del bloqueo, supera en estos cincuenta años los 751 mil millones de dólares, en el valor actual de esa moneda."

Es decir, no incurre en el error de utilizar la cifra de pérdidas que significó el bloqueo año por año, como si el valor de los dólares fuera exactamente igual cada año. Como consecuencia de la estafa mundial que significó la suspensión unilateral, por Nixon, del respaldo en oro de esa moneda, a la tasa de 36 dólares por onza Troy, unida a las emisiones de dólares sin límite alguno, el poder adquisitivo de esa moneda se redujo extraordinariamente. El MINREX se tomó el trabajo de solicitar a un grupo de expertos del Ministerio de Economía que hicieran la evaluación, y esta arrojó el daño económico del bloqueo a Cuba a lo largo de 50 años, expresado en el actual valor de esa moneda.

"El pasado 2 de septiembre" -dijo en su intervención-, "el propio presidente Obama ratificó las sanciones contra Cuba, aludiendo al supuesto â
��interés nacionalâÖ de los Estados Unidos. Pero todos saben que la Casa Blanca sigue prestando mayor atención a los â��intereses especialesâÖ, bien financiados, de una exigua minoría que ha hecho de la política contra Cuba un negocio muy lucrativo."

"Muy recientemente, el 19 de octubre, el presidente Obama calificó, según varias agencias de prensa, de insuficientes los procesos que, a su juicio, ocurren hoy en Cuba y condicionó cualquier nuevo paso a la realización de los cambios internos que quisieran ver en nuestro país.

"El Presidente se equivoca al asumir que tiene derecho a inmiscuirse y a calificar los procesos que hoy tienen lugar en Cuba. Es lamentable que esté tan mal informado y asesorado.

"Las transformaciones que hoy emprendemos responden a los anhelos de los cubanos y a decisiones soberanas de nuestro pueblo. [...] No se proponen complacer los deseos o satisfacer los intereses del gobierno de los Estados Unidos, hasta hoy siempre opuestos a los del pueblo cubano.

"Para la superpotencia, todo lo que no conduzca al establecimiento de un régimen que se subordine a sus intereses será insuficiente, pero eso no va a ocurrir porque muchas generaciones de cubanos han dedicado y dedican lo mejor de sus vidas a defender la soberanía y la independencia de Cuba."

"Por el contrario, dicho gobierno ha continuado la arbitraria práctica de poner a Cuba en las espurias listas, incluida la de Estados que supuestamente patrocinan el terrorismo internacional, que fabrica el Departamento de Estado para calificar el comportamiento de otras naciones. Este país no tiene la autoridad moral para hacer tales listados -que como regla tendría que encabezar- ni existe una sola razón para incluir a Cuba en ninguno de ellos.

"El gobierno norteamericano también mantiene el injusto castigo a los Cinco cubanos luchadores antiterroristas que sufren prisión hace más de doce años en sus cárceles, cuya causa ha concitado la más amplia solidaridad de la comunidad internacional.

"Cuba, que ha sido y es víctima del terrorismo de Estado, reclama a dicho gobierno que ponga fin al doble rasero y a la impunidad de que gozan en su territorio los autores confesos de actos de terrorismo que se gestaron al amparo de la política anticubana de ese paísâ
��"

Llegado a ese punto, Bruno le asestó a la delegación de Estados Unidos el puntillazo del famoso memorando del subsecretario asistente de Estado Lester Mallory, desclasificado decenas de años más tarde, que muestra el repugnante cinismo de la política de Estados Unidos.

��La mayoría de los cubanos apoyan a Castro [...] No existe una oposición política efectiva [...] El único medio posible para hacerle perder el apoyo interno [al gobierno] es provocar el desengaño y el desaliento mediante la insatisfacción económica y la penuria [...] Hay que poner en práctica rápidamente todos los medios posibles para debilitar la vida económica [...] negándole a Cuba dinero y suministros con el fin de reducir los salarios nominales y reales, con el objetivo de provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobiernoâÖ."

"A pesar de que la persecución económica constituye el obstáculo principal para el desarrollo del país y para la elevación de los niveles de vida del pueblo, Cuba muestra resultados innegables en la eliminación de la pobreza y el hambre, en índices de salud y educación que son de referencia mundialâ
��"

"Cuba pudo declarar aquí, hace pocas semanas, un elevado y excepcional cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Estos resultados, alcanzados por Cuba, aún son una utopía para una gran parte de la población del planeta."

"Cuba no cejará jamás en la denuncia del bloqueo y no dejará de reclamar el derecho legítimo de su pueblo a vivir y trabajar por su desarrollo socioeconómico en condiciones de igualdad, en cooperación con el resto de las naciones, sin cerco económico ni presiones externas.

"Cuba agradece a la comunidad internacional la firme solidaridad con nuestro pueblo, segura de que algún día se hará justicia y no será necesaria ya esta resolución.

"Muchas gracias."

Dijo para concluir su primera intervención.

Prosigue mañana.

Fidel Castro Ruz

Octubre 31 de 2010

EL TEA PARTY REPRESENTA LA DERECHIZACION DE LA DERECHA DE ESTADOS UNIDOS

La irrupción del partido del té

En un año, el movimiento ultraconservador volvió a poner en la superficie las bases sobre las que se edifica el equilibrio político norteamericano. Enemigos de los inmigrantes y lo diverso y amigos de la reducción de impuestos.

http://www.pagina12.com.ar/commons/imgs/go-gris.gif Por Ernesto Semán

Desde Nueva York

Cualquiera sea el resultado, las elecciones de mañana pasarán a la historia como aquellas en las que el Tea Party irrumpió en la política de Estados Unidos. Los 150 candidatos que tienen el apoyo explícito del movimiento de extrema derecha son apenas un indicador de su importancia. En apenas un año, el Tea Party volvió a poner en la superficie las bases conservadoras sobre las que se edifica el equilibrio político norteamericano, y lo lejos que está éste del “país normal” que muchos buscan como inspiración.

En ese “país normal” imaginario, alguien como el gobernador de Florida Charlie Crist, por ejemplo, sería el líder natural de la oposición republicana al gobierno de Barack Obama. Es un conservador histórico que en el 2008 inició una crítica pública a la forma en la que su partido se había replegado sobre posiciones fundamentalistas en lo económico y lo político y que planteó la necesidad de recuperar tradiciones democráticas del conservadurismo popular. Pero en el país real, Crist se vio obligado a lanzar su campaña para senador como independiente, dejando la candidatura republicana al ultraconservador Marco Rubio, uno de los republicanos que cuentan con el apoyo del Tea Party. En el país real, Rubio encabeza muy cómodo las encuestas para hacerse con el puesto del senador en la elección de mañana.

El de Florida es uno de los casos, y no el más extremo, de la radicalización que promovió el Tea Party, apoyando a candidatos “ultras” que desplazaron a los más moderados del partido. En los últimos meses no faltan los analistas (y esperanzados demócratas) que suponen que la “derechización de la derecha” será un dolor de cabeza para el Partido Republicano, al que se le hará imposible retomar posturas más digeribles en lo económico y político para los votantes moderados. Lo que esos analistas omiten es que ese problema queda ampliamente compensado por el vigor que recuperan los conservadores y por el impacto que esta energía nueva tiene en mover hacia la derecha el conjunto del arco político.

“Somos el movimiento de base más importante de los últimos cien años. El Tea Party es la experiencia política más interesante de este país”, dice Marion Dreyfus, una docente de Nueva York con marcado acento británico, que es lo más cercano que uno podría encontrar al arquetipo del “simpatizante normal” del Tea Party. Lo de “normal” ha sido todo un esfuerzo de su parte: hacia el final de la conversación con este diario, Dreyfus cuenta que ha buscado medir su entusiasmo para no alimentar la percepción periodística de que el Tea Party es simplemente un movimiento de fanáticos. Y es cierto que confrontadas con las imágenes de militantes que acusan a Barack Obama de ser un enviado del Islam para destruir a Estados Unidos y de candidatos que condenan la masturbación, las palabras de Dreyfus suenan moderadas. Pero no por eso menos preocupantes.

El Tea Party surge alrededor de demandas que dejan al debate sobre la ley 125 en la Argentina a la altura de un sesudo y desinterasado intercambio académico. Movilizados por líderes libertarios, una masa creciente manifestó a través de este movimiento su oposición a la “excesiva carga impositiva” del gobierno federal y atribuyó a éste el estancamiento recesivo. “A mí lo que me preocupó fue la deuda nacional”, dice Dreyfus. “Basta, me dije, no quiero pagar esta deuda, pero sobre todo no quiero tener que explicarles a mis hijos que el gobierno les hipotecó su futuro.” La carga fiscal como expresión de una variada gama de frustraciones se expandió como pólvora en dos direcciones.

Por un lado, el Tea Party puso en claro que el mayor problema de los impuestos es el supuesto redistributivo que éstos implican, y de inmediato el movimiento adhirió a políticas que, en lo central, desarman lo ya endeble del armazón comunitario norteamericano: apoyos a las leyes antiinmigratorias, reducción de los impuestos en los niveles más altos, cuestionamiento a la diversidad religiosa y un fuerte sobretono de homogeneidad racial (blanca) conforman hoy el “corpus” cotidiano de sus discursos. Dreyfus lo sintetiza: “Si Obama hubiera sido más cuidadoso en sus discursos, nosotros no seríamos tan fuertes. Pero con la ley de salud demostró que no estaba dispuesto a escuchar lo que teníamos para decir, que el gasto de su plan nos va a hundir a todos, sólo para beneficiar a sus sindicatos. Nosotros no somos de izquierda o de derecha: somos sobre todo los que estamos muy enojados con el gobierno”.

Por otro, el rápido ascenso del Tea Party mostró la base de hartazgo sobre la que se montó la coalición política que llevó a Obama al gobierno. Y, sobre todo, evidenció la precariedad de esa coalición y la dispersión de su energía desde el momento en el que el actual presidente decidió normalizar lo que en verdad había sido un momento político único: su propia elección. ¿Dónde estaba Dreyfus el 20 de enero de 2008, el día que Obama juró como presidente? “En Washington, obvio,” cuenta. “Yo tenía esperanzas de que viniera a cambiar todo. Luego mostró que ésa no iba a ser la base de su gobierno, pero los republicanos no estaban motivados para encabezar esa ira que teníamos nosotros, necesitábamos un nuevo movimiento de base.”

La condición de “movimiento de base” no define claramente la magnitud del movimiento, que se monta sobre el financiamiento multimillonario de organizaciones y personalidades de extrema derecha, ni refleja los tonos de una plataforma política que refuerza las posiciones tradicionales de las elites económicas y raciales de los Estados Unidos. Pero en todo caso, la afirmación de Dreyfus sobre la importancia histórica del Tea Party tiene sus fundamentos, aunque su aparición se suma a una larga lista de iniciativas que a lo largo de los años han emergido dentro y fuera de los dos grandes partidos con el fin de restaurar equilibrios conservadores en la política norteamericana. Su genuina sensación de ser parte de un movimiento de base novedoso no es más que la forma ideológica en la que se presentan las revoluciones de derecha, cuando llegan para fundar nuevos principios e ideas de orden que refuerzan las viejas jerarquías y desigualdades.

domingo, 31 de octubre de 2010

Los buitres han vuelto a volar sobre las cúpulas

LA REACCION QUE SE ESPERA EN EL ESTABLISHMENT TRAS LA DESAPARICION DE NESTOR KIRCHNER. ESPECULACIONES CORPORATIVAS Y DIVISIONES

Entidades del agro desorientadas, bancos que cuidarán que no se cambie el rumbo. La UIA, en cambio, ensaya armados corporativos.[cerrar]

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http://www.pagina12.com.ar/commons/imgs/go-gris.gif Por Raúl Dellatorre

El bloque Asociación de Empresarios Argentinos y UIA, en el centro de la foto y de todas las miradas. El riesgo de las lecturas equivocadas.

Con la desaparición física de Néstor Kirchner no hay un cambio de gobierno, pero sí un cambio objetivo en el control del poder (la sustitución del ejercicio de mando que el ex presidente ejercía sobre el PJ y los bloques legislativos del FpV, por caso) y, además, el cambio en la observación subjetiva que hagan los distintos actores políticos y económicos sobre la nueva situación. En este sentido, uno de los interrogantes que se empezará a responder en los próximos días es cómo interpreta el establishment, el grupo de presión y poder que representan las cúpulas empresarias, este cambio de escenario. ¿Supondrán que pueda haber un cambio de política en el gobierno de Cristina Fernández? Sería ingenuo. ¿Creerán que se encuentran ante un gobierno más débil que el existente hace una semana? Sería ignorar ciertos hechos de la realidad. Aunque, como dijo uno de los consultados para esta nota, “no hay que sobreestimar al establishment, ni en su poder ni en su inteligencia”. Conversaciones en off con un dirigente empresario de un sector estratégico, un especialista en cuestiones financieras y un ex miembro de gabinete que acompañara parte de la gestión de Néstor Kirchner permitieron hacer una aproximación a las probables conductas que se puede esperar del establishment. Sector en el que, según la conclusión compartida, “no todos son lo mismo” ni reaccionarán de igual forma. Como ya se empieza a ver.

El agro

“Hay actitudes diferentes, porque las lecturas que se hacen son distintas y porque, además, actúan en distintos planos”, señaló una de las fuentes consultadas. “Las entidades agropecuarias, por ejemplo, hicieron una apuesta muy política por el conflicto de las retenciones, más que sectorial. Eso los dejó muy expuestos, y ante esta demostración popular de tan elevada sensibilidad hacia el Gobierno, de reconocimiento e identificación, han quedado desorientados, descolocados políticamente. Hoy no podrían hablarle a la sociedad en los mismos términos de 2008. Además, el productor, “sus bases”, hoy está económicamente mejor que entonces”, describió el ex funcionario de alto rango.

La banca

“El sistema financiero es el sector más sensible cuando se analizan hipótesis de inestabilidad”, sostuvo un especialista de ese sector. “Hoy, la banca nacional está tratando de dar señales de apoyo, de tranquilidad, pero por conveniencia propia. Unos, porque están ligados a operaciones de venta de entidades a capitales brasileños, lo que se podría frustrar si ocurriera algún temblor interno. Otros, porque así como están las cosas, su negocio marcha satisfactoriamente. El rendimiento de los títulos públicos, por ejemplo, fue uno de los principales argumentos de ganancias en lo que va del año, lo que también permitió una revalorización de las entidades. Las cúpulas empresarias del sector (Adeba) lo saben. En todo caso –definió–, si algún esfuerzo harán, es para que el rumbo no se desvíe.” En cuanto a los bancos extranjeros, la apreciación es que “hoy Argentina dejó de ser una preocupación, en todo caso es una filial más en la que, además, tienen buenos resultados. A ellos tampoco les conviene una alteración de la buena evolución económica”.

UIA/AEA

La evolución de los negocios en el sector manufacturero tampoco debería dejar lugar a dudas sobre la conveniencia de mantener el rumbo. Sin embargo, la cúpula sectorial responde no sólo a los intereses económicos de las entidades de base. “Hay un apoyo de la UIA a la gestión de Cristina Kirchner, pero sobreactuado. ¿Qué gobernabilidad tienen que garantizar ellos? ¿Quién les pide que salgan a enfrentar la incertidumbre? No hay necesidad de nada de eso, pero pareciera que se quisiera avanzar hacia un pacto corporativo acelerado con la CGT, entre las grandes cúpulas. El Gobierno no lo necesita, pero el establishment empresario quiere imponerlo”, sostuvo un ex ministro con experiencia en estas pulseadas.

El juego de cúpulas y pactos con los mismos protagonistas tiene antecedentes. Ya durante el gobierno de De la Rúa, y más reiteradamente después de la megadevaluación de 2002, la UIA y la CGT se ofrecieron –a veces, de la mano de la Iglesia– para ofrecer “pactos de gobernabilidad”, “paz social” o fórmulas similares que buscaban, antes que nada, colocar a esos actores en el centro de la escena. La celeridad con la que UIA y CGT empezaron a cruzar “consensos” en estos días –ver nota más abajo– demuestran que algo por estilo pretende recrearse. Exhibir “la mesa del consenso” entre ambas entidades o bajar el proyecto de reparto de las ganancias como una concesión a la gobernabilidad o la pacificación, no puede interpretarse más que como una especulación política en ese sentido.

Si algo no puede pasar inadvertido es que Néstor Kirchner desactivó en más de una oportunidad estos intentos. Y que Cristina es aun menos afecta que su marido a estos armados corporativos: por sus elevados costos potenciales y sus escasos, o nulos, réditos.

Capítulo aparte merece la evaluación de cuál puede ser la conducta del “grupo AEA”, el núcleo de empresarios en el que se reúne el bloque protagonista de las mayores confrontaciones con el gobierno (Clarín, Techint, y otras). Prácticamente todos los consultados coinciden en que su situación no cambia respecto de la previa a la muerte de Kirchner. “¿Pueden pensar que el escenario es más propicio por la desaparición de Kirchner? Sería una equivocación brutal. Cristina nunca fue ajena a esa confrontación, eso está claro, y con lo visto en estos días, políticamente la situación se les complicó”, definió una voz desde el sector empresario, pero expresando la opinión del resto. Lo objetivo, sin embargo, es que el conflicto con estos sectores sigue, y por lo tanto los intentos de presión de un lado (grupos empresarios), y las definiciones de cambios estructurales desde el otro (Gobierno) seguirán en el orden del día. Aunque haya voces que pidan renunciar a esos objetivos, en nombre de una conveniente pacificación.

OPINION La transformación del número en fuerza

[cerrar]

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Por José Pablo Feinmann

1

La sorpresa fue para todos: para los peronistas nacional-populares y para los enemigos del proyecto que esa fuerza impulsa desde 2003 y ha acentuado desde 2008. ¿De dónde salió tanta gente? ¿De dónde salieron todos esos cristinistas? Me suena lindo esto: cristinistas tiene un aire de nuevo, tiene un perfume de mujer exquisito, un feminismo que se asume con fuerza ante los hombres, ante los viejos machos hoy en alevosa retirada y, a la vez, los acepta, porque la mujer que da origen al neologismo es mina, es linda, es independiente y lo fue al lado de un hombre, que se sintió orgulloso justamente por eso: porque tenía a su lado a una mujer inteligente y brillante, que no sólo se le ponía de igual a igual sino que lo exigía, que le pedía todo el tiempo que fuera más y que lo fuera con ella, que le impidiera dejarlo atrás, porque lo amaba y quería seguir adelante con él, por eso cristinismo suena mejor que peronismo y hasta que kirchnerismo, porque suena a independencia, a germinación, a dar a luz ideas, proyectos, osadías, porque las minas no sólo dan a luz hijos de los tipos a los que supuestamente pertenecen (¿hasta cuándo ese “de” infamante para las mujeres, una mujer no es de nadie, es libre, es ella, tiene su nombre y su apellido, hasta cuándo ese “de” burgués del siglo XIX que adosa a las mujeres a los hombres en tanto propiedad privada?; probablemente Cristina conserve el “de Kirchner” para recordarlo, pero es una cuestión política, ella es ella y ahora no tiene otro remedio más que ése: ser lo que siempre fue junto al hombre que eligió: ella, pero ahora sola, con el recuerdo, la memoria y hasta las ideas compartidas y los buenos consejos de él, pero sola), sino que dan a luz sorpresas luminosas que pueden sorprendernos todos los días y mantenernos despiertos, alertas, con los músculos, los nervios y las neuronas tenso/as (¡ese machismo del lenguaje que toma el régimen del masculino para los adjetivos, cuánto hay que cambiar en este perro mundo!). No me volví feminista. Admiro simplemente a las mujeres. Primero: porque son bellas. Segundo: porque hace treinta años que estoy al lado de una compañera bárbara, sin la cual no sería lo que soy ni la mitad de lo que soy, sea lo que mierda sea, porque, en verdad, quién puede saber lo que es si apenas es algo ya es otra cosa, que es la esencia de la libertad, al menos de los que la ejercen y no se anquilosan como idiotas hijos de la TV o de los medios que buscan hacer basura con la gente. (Sugerencia de cambio para la revista Gente: Gente Idiota. Porque Gente es fresca... y pelotuda.)

2

El problema central para el cristinismo es ahora transformar en fuerza militante a la inmensa cantidad de personas que desfilaron ante el féretro de Kirchner. Que nadie crea que alcanzará con haberse dado una vuelta por la Rosada (aunque, lo sé, fue más que eso, pero me interesa ahora marcar otra cosa) para fortalecer el gobierno de Cristina Fernández. Que no lo crean tampoco los líderes que rodean a la Presidenta. Una situación emocional: hombre que muere joven, que llena de culpas a todos los que lo atacaron, a los que cacerolearon contra él en el 2008 (¿cuántos de éstos habrán ido a lavar esa culpa?), a los tacheros que durante todos estos años si abrieron la boca (¡y cómo la abren!, cómo habla el tachero argentino lo quiera o no el pasajero, parecieran militantes de una causa de hierro en la que creen a muerte: odiar a Néstor y Cristina Kirchner) fue para putearlos, hasta a los jóvenes de familias acomodadas que repitieron las palabras de sus padres, que convoca a adherentes emocionales momentáneos, que han ido porque les impresiona la muerte de un tipo joven, a jóvenes, a chicos y chicas, que ahora descubren lo “copado que era el Flaco”, a formidables tenores que te cantan un Ave María que te parte el corazón pero que termina el Ave María y se va y Cristina necesita que siga cantando, cantando al lado de ella, porque la música tiene que seguir, y no sólo el Ave María sino otras músicas, menos tiernas, menos dulces, más agresivas, a la altura de los Himnos de Guerra que día a día los medios entonan desde sus miles de voces bancadas por empresas poderosas, monopolios formados con capitales nacionales e internacionales, con diarios de inmediata e ininterrumpida relación con la Embajada de los Estados Unidos y, a través de ésta, inevitablemente, con la CIA y el FBI, a los que este Gobierno no les gusta nada. ¡Qué enemigos, caramba! ¡Qué fuerza habrá que nuclear!

3

De aquí la propuesta. A no entusiasmarse demasiado con los números. Con las encuestas. Las encuestas no salen a la calle. Los que salieron a la calle a despedir a Kirchner deberán saber que ese compromiso, que esa muestra de amor, deberá prolongarse en política, en militancia. En dolor ante la muerte, si se agota en sí mismo, permanece en el lugar de donde surgió: en la muerte. Hay que transformar ese dolor en militancia. Si Kirchner se definió a sí mismo como un heredero (no violento, como tantos y tantos y tantos) de la militancia juvenil de los setenta, hay que dar forma (con las decenas de miles de jóvenes que seguirán a Cristina a lo largo y lo ancho del país) a una nueva juventud. Que será peronista, o kirchnerista o cristinista. Pero esos jóvenes deberán saber ya (y ya lo saben) que la militancia será territorial y no armada. Se diferenciarán en esto, tajantemente, de los jóvenes de los ’70. Si quieren admirar al Che como símbolo de la rebelión, perfecto. Si lo toman como el héroe y el mártir de la lucha armada y el foco (teoría que le dio un francesito de esos años: Regis Debray y que Guevara perfeccionó y llevó a la práctica, una práctica desastrosa en la que sin duda tuvo la dignidad impecable de morir, de poner su cuerpo al lado de sus ideas, penosamente equivocadas, de aquí que ese cuerpo terminara acribillado por un pobre y asustado soldadito boliviano) el camino será otra vez el del desastre. Si insistimos tanto en la militancia territorial y no en la violencia, es porque la violencia fue un mal camino. Llevó a la muerte a una generación de jóvenes en toda América latina. Pero la militancia territorial ha vuelto a ponerse sobre la mesa de la mejor política. Que ya no se hace a través de los medios. Al ver a esos millones de argentinos (peronistas y no peronistas) desfilar junto a Néstor y abrazar a Cristina con un abrazo-promesa (no te vamos a abandonar) muchos empleados periodísticos de las grandes empresas multinacionales de la comunicación se habrán sentido no sólo defraudados, azorados también. ¿Cómo, y todo el trabajo que hicimos? ¿Y todo lo que le hemos dicho a esta gente durante años? Parece, señores, que no sirvió. Que hay otros canales por donde ahora se filtra la verdad, que la verdad, parece, no la construyen ustedes. Que los sujetos son todavía capaces de un acto libre. Porque fue un ejercicio poderoso de la praxis libre del sujeto haber ido a despedir a Néstor Kirchner. Los sujetos no están sujetados. La rebelión no es inexplicable. Ejercer la libertad fue decirle no a la política omnipresente comunicacional, y salir a la calle, inundar la territorialidad. En el conflicto de la 125 los ínfimos movileros que los medios arrojaban a la calle (conscientes de las órdenes que tenían) preguntaban a los militantes kirchneristas: “¿Viniste por el choripán? ¿En qué medio te trajeron?” Y a los conchetos del otro lado: “¿Nos podría explicar la causa por la que vino hasta aquí?” Del lado concheto, la causa. Del lado de “la negrada peronista”: el choripán o el camión de algún sindicato. De un lado, la libertad de elección. Del otro, la manipulación del aparatismo. ¿Fueron esos movileros a preguntarle a alguno de los que estaban haciendo interminables colas para despedir a un líder popular quién los había traído, si habían venido por el choripán? Sería interesante haberlo intentado. Pero los medios se cuidaron. Se pasmaron. Se sorprendieron hasta el dolor. No todos. Hubo, para mí, una excepción valiosa. Ya llegaré a ese punto.

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Que la militancia territorial haya ganado otra vez el protagonismo significa que lo más genuino del peronismo (del peronismo del ’45 y el de los ’70) ha regresado. La política territorial exige del militante más que la política mediática. La mediática no le pide nada. Porque los militantes no van a los medios. Van los jetones. Los dirigentes. Y los intelectuales de nombre, los “referentes”. La única posibilidad que tiene el militante es esta hermosa posibilidad que está de nuevo entre nosotros y a la que le damos una bienvenida esperanzada: la territorial. Se gana la calle. Hay que ganar la calle. La política se hace ahora saliendo de casa. Basta de estar eternamente mirando la tele o boludizándose con Internet. El número fue poderoso durante estas jornadas. Pero hay una consigna de John William Cooke que hay que recordar ahora más que nunca: la transformación del número en fuerza. Y ya lo ven: lo nombré a Cooke. ¿Setentismo? No creo: Cooke fue desde jovencito diputado peronista. Además, ¿a quién quieren que cite: a Ivanisevich, a Mendé? (No los conocen. ¡Mejor! Ni los busquen en Internet. Basta de buscar en Internet, por favor. Busquensé un poco a sí mismos. Van a encontrar mayores tesoros. Verdades y no informaciones. Verdades, además, acerca de ustedes. ¿Cuántos encontraron súbitamente su verdad saliendo a la calle el miércoles?) El número ya cumplió su tarea. Los que lloraron a Kirchner y fueron a dar apoyo a su viuda fueron innumerables. Tantos como los que pidieron la renuncia de Cobos. Que no se lo pueda echar porque se aferra a una ley que lo sostiene es una vergüenza moral e institucional. Moral, porque es un mentiroso y un hipócrita. ¡Declaró que Kirchner había sido un gran presidente! Institucional, porque todos saben que ese hombre no está ahí para cumplir con el cargo que ocupa: ser un orgánico de la Presidenta. Un Presidente y un Vice forman una entidad institucional orgánica, que funciona complementándose. ¿Cómo puede ser que este señor sea el jefe de la oposición, que funcione como el cuchillo que pende sobre la cabeza de la Presidenta, que a Kirchner hayan tenido que velarlo en la Casa Rosada y no en el Senado como se veló a la mayoría de los presidentes porque este Senado lo preside un enemigo?

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La transformación del número en fuerza es la consigna de la hora. ¿Cómo se consigue? Tiene que penetrar en el sujeto libre la necesidad de expresar esa libertad a través de la praxis política. Tiene que surgir la pasión de compartir una causa. De participar de la historia. De sacar el culo de la silla que tenés frente a Internet o frente al televisor. De salir de la soledad a la que el universo mediático te condena. Si te gusta el twitter, seguí. Pero no es lo mismo twittear que mirarle la cara a un compañero. Que verle los ojos. Olerlo. Tocarlo. Abrazarlo, ya en la desdicha o el triunfo. No es lo mismo querer hacer la historia que mirar cómo otros la hacen. No es lo mismo ser protagonista que ser pasivo, inerte, poco o nada.

Addenda: Ya no leo los diarios de la derecha. Si hay algo que vale la pena, alguien siempre me lo dice. Esta vez me dijeron: “Leé la nota que Beatriz Sarlo publicó el jueves 28 en La Nación”. La leí. Dice: “Pensé también en los que formaron el lado intelectual del conglomerado que armó Kirchner. Con ellos he discutido mucho en estos años. Sin embargo, me resulta sencillo ponerme en su lugar. Muchos vienen de una larga militancia en el peronismo de izquierda; vivieron la humillación del menemismo, que fue para ellos una derrota y una gigantesca anomalía, una enfermedad del movimiento popular. Cuando los mayores de este contingente representativo ya pensaban que en sus vidas no habría un renacimiento de la política, Kirchner les abrió el escenario donde creyeron encontrar, nuevamente, los viejos ideales. Pensé que se engañaban, pero eso no borronea la imaginación de su dolor”. Hace muchos años que conozco a Beatriz. Sinceramente creí que el odio había extraviado su inteligencia durante los últimos tiempos. Y lo lamenté, sinceramente también. Esta nota que ha publicado, no sólo por estar al lado de la de un obsesivo y un tipo que me importa lo que pueda importarme un plumero, es de una nobleza excepcional. Si tu mano es una mano tendida, Beatriz, contá con la mía para estrecharla.

viernes, 29 de octubre de 2010

Los papeles de la guerra

Alberto Piris

república.es

A los militares españoles que desde mediados de los años 50 del pasado siglo empezamos a efectuar con frecuencia estancias en EEUU, para seguir cursos de formación táctica y técnica, nos sorprendían muchas cosas de nuestros homólogos estadounidenses; en general, en sentido favorable. Uno de los aspectos que más me llamaba la atención era la proliferación de impresos, formularios y estadillos que había que rellenar cuidadosamente con motivo de cualquier actividad. No había tarea que no quedara debidamente registrada y filling the form (rellenar el impreso) era algo obligado en toda operación. Para los oficiales de aquel ejército español, desmedrado tras las penurias de la Guerra Civil y donde las carencias “se suplían con el celo” -según frase común-, ver cómo funcionaba un ejército moderno era una novedad extraordinaria.

Para los militares estadounidenses era entonces la guerra de Vietnam la principal pesadilla, pues su fin no se veía próximo. Cuando aún quedaban más de diez años para que concluyera, oí comentar, en el club de oficiales de la base en la que me alojaba, que el mejor procedimiento para acabar con el Vietcong sería lanzar desde el aire, mediante los famosos B-52, todas las toneladas de papel que la guerra había generado: el territorio enemigo y su población quedarían aplastados bajo una gruesa capa de documentos, con lo que se daría fin a la guerra, aunque solo fuese por asfixia.

Este recuerdo se ha reavivado al conocer lo que los medios han dado en llamar “filtración” de documentos militares de la guerra de Irak, que ha causado un escándalo de grandes proporciones. Esta segunda andanada es mucho más de lo que podría deducirse del nombre de la organización que la ha disparado. WikiLeaks se traduce como “las filtraciones de Wiki”, pero los casi 400.000 documentos que acaban de ver la luz, más que una simple filtración, constituyen una enorme marea o una gigantesca inundación.

Si pertenece al ámbito del humor la idea de un Vietnam sumergido bajo un océano de papel, no se puede dudar de que el actual equivalente digital de los documentos generados por la ocupación de Irak, difundidos sin fronteras por Internet, supone para el Pentágono, la Casa Blanca y el Gobierno de Bagdad un huracán político de consecuencias muy devastadoras. También a Londres han llegado fuertes ramalazos.

Muchas conclusiones se irán extrayendo del análisis de esta documentación. Pero una de las más demoledoras, tras un examen superficial, es la crueldad y el sadismo (ejecuciones sumarias, palizas, electrocuciones, uso de ácidos y de taladros eléctricos contra los detenidos) mostrado por los soldados del ejército iraquí contra su propio pueblo. ¿No era así como actuaban las tropas de Sadam? Asumido el culpable fiasco de las armas de destrucción masiva ¿no se aseguró insistentemente que la invasión tenía por objeto poner fin a las prácticas tiránicas del ahorcado dictador? Pues no parece que las cosas cambiaran para bien del sufrido pueblo iraquí, cuando se comprueban las sevicias que ha padecido a manos de sus soldados y, lo que es peor, la tolerancia mostrada por las fuerzas ocupantes, que tenían orden de no investigar los casos que solo afectasen a torturas o violencia entre iraquíes. Eso, cuando no eran los mismos soldados de EEUU los que entregaban expresamente sus prisioneros a los especialistas iraquíes en tortura.

Ante tan aplastante colección de pruebas incriminatorias, es muy hipócrita pasarlas por alto y argüir que su difusión pone en peligro la seguridad de las tropas, como se ha dicho en Washington. Aunque hoy sea Afganistán, y no Irak, el principal motivo de preocupación, es difícil separar y compartimentar en el tiempo y en el espacio unas actuaciones que vulneran los más elementales códigos de la ética humana y del comportamiento de los ejércitos en las guerras. Lo que ocurrió en Irak ¿se repetiría en Afganistán si hubiera permanecido oculto?

Forzoso es constatar, como consecuencia de lo anterior, que se necesitan unos árbitros independientes, como WikiLeaks y otras organizaciones análogas. Árbitros no implicados directamente en el terrible juego que allí se desarrolla (¿quién dará crédito, ahora, a los informes oficiales del Pentágono?) y capaces de actuar con valentía contra los Estados que, en virtud de una pretendida conciencia democrática y de difusión de los derechos humanos, recurren a la guerra para imponer por las armas los principios que luego no practican sobre el terreno cuando llega el momento de la verdad.

Los papeles de la guerra de Irak están cumpliendo una función para la que no fueron concebidos: en vez de atender a las exigencias de la burocracia militar, sirven para denunciar los horrores de una guerra que jamás debió iniciarse. Y en vez de atacar al mensajero, como suele ocurrir en estos casos, lo que exige la más elemental moral militar, política y cívica es comprobar los delitos revelados y proceder contra sus perpetradores en la forma que cabe esperar en cualquier Estado que se tenga por democrático.

http://www.republica.es/2010/10/28/los-papeles-de-la-guerra/

Cuba hoy: incertidumbres y certezas

Frank Josué Solar Cabrales

www.corrientemarxista.org / Rebelión

La Revolución Cubana se enfrenta a uno de los momentos más complejos de su historia y existe un consenso bastante generalizado de que deben producirse cambios trascendentes en nuestra sociedad.

El debate es sobre el ritmo y la dimensión que tendrán, así como su contenido y naturaleza. Un aspecto importante son los límites, hasta qué punto llegar sin transgredir el umbral de los principios o afectar la esencia misma del sistema que hemos defendido durante 50 años y al que hemos entregado alma, corazón y vida.

En sentido general, las medidas que se han ido tomando y las que se pretenden adoptar responden a la necesidad de dinamizar la economía cubana, de aumentar su productividad y eficiencia, de reevaluar la moneda nacional y los salarios, de sustituir importaciones, sobre todo en la producción de alimentos.

En fin, de lo que se trata es de reactivar una economía muy duramente golpeada por el subdesarrollo, por la pérdida de sus principales mercados y fuentes de suministros, por un bloqueo comercial genocida impuesto por el imperialismo norteamericano y también por trabas burocráticas internas y otros errores. Se intenta hacerlo, además, en condiciones muy difíciles, en las que el hostigamiento y los planes para destruir la Revolución no cesan.

Al parecer, las próximas reformas que se esperan están destinadas en su mayoría a utilizar mecanismos de mercado, así como estímulos materiales y salariales como incentivos en la búsqueda de eficiencia y el aumento de la productividad, empezando por el campo.

Este tipo de medidas, completamente legítimas e incluso necesarias para la supervivencia de una sociedad de transición al socialismo, en medio del acoso y del aislamiento, deben ser entendidas como lo que son: un retroceso obligado por las circunstancias, un mal necesario pero temporal, y nunca como una vía hacia adelante, como una alternativa de construcción de un tipo de socialismo. Esto es una cosa, y otra muy distinta aceptar la desigualdad como algo tolerable, normal, inevitable, incluso saludable para el funcionamiento del sistema.

Sin una perspectiva clara que las entienda como algo coyuntural, se corre el riesgo de que, al continuar el aislamiento, en algún momento esas reformas económicas vayan en una dinámica propia in crescendo hacia una restauración capitalista más lenta y sutil, y las distorsiones sociales que ellas mismas han creado, al final se volverían en contra de la Revolución. Avanzar por este camino inevitablemente fortalecería sectores procapitalistas dentro de la sociedad cubana y erosionaría gravemente los valores socialistas de solidaridad e igualdad social. Una restauración del capitalismo en Cuba significaría un desastre total desde todos los puntos de vista para nuestro pueblo.

Una sociedad de transición al socialismo como la cubana es, por definición, una sociedad en la que coexisten elementos del viejo y del nuevo mundo, en una amalgama contradictoria. De lo que se trata entonces en ese tipo de sociedad es de quien vence a quien, de cuales son los elementos que finalmente terminan preponderando, siendo hegemónicos.

Pienso que una pregunta fundamental que debemos hacernos todos hoy es ¿en qué medida la actual campaña contra las gratuidades y subsidios, contra el igualitarismo y determinados principios de igualdad social, afectaría conquistas sociales fundamentales de la Revolución Cubana? Es una antinomia pretender construir el socialismo fomentando la desigualdad. O aceptándola como algo normal o inevitable. Eso ya lo hace el capitalismo bastante bien.

Precisamente la plataforma liberal del capitalismo, su discurso ideológico central es el que habla de oportunidades y derechos para todos, pero que es imposible que todos vivamos igual. Según esta lógica es normal la desigualdad de ingresos.

En tanto, el socialismo debe aceptar ciertas dosis de desigualdad durante un período transicional como un mal pasajero, pero debe empeñarse desde el primer día en su reducción paulatina y sostenida. El camino contrario, el de fomentarla y utilizarla como estímulo para la productividad sólo conduce al capitalismo. Es imposible tener una economía que funcione sobre bases capitalistas y mantener un modelo político y social socialista.

El pago por resultados y el uso del salario como acicate para la producción no hace al obrero trabajar “según sus capacidades” sino más bien por encima de ellas, justo como hace el capitalismo, que lo sobreexplota y tensiona al máximo sus fuerzas, acuciado por sus necesidades materiales y las de su familia. Al final llevará a priorizar la salida individual sobre la colectiva, a la competencia entre trabajadores y empresas, en sentido contrario al espíritu socialista.

Las palancas económicas del capitalismo sólo producen más capitalismo. Incluso algunas de las que ya se han ensayado tímidamente han arrojado resultados por debajo de las expectativas. El pragmatismo, el sentido práctico, el proceder empírico, no llevarán a otro puerto que al capitalismo. Este barco necesita un proyecto como brújula, debatido y acordado entre todos.

Doblemente peligroso es cuando la guerra cultural global del imperialismo haciendo creer que no es posible otra vida que bajo el capitalismo es más despiadada y efectiva que nunca, paradójicamente cuando el sistema atraviesa una de las peores crisis de su historia, haciendo agua por todos lados. Tampoco nunca antes había tenido en Cuba mayor influencia que ahora. Le estaríamos haciendo el trabajo al enemigo contribuyendo inconscientemente a la justificación teórica e ideológica del capitalismo.

El aparente callejón sin salida al que se enfrenta el proyecto social cubano proviene de la imposibilidad de construir el socialismo en un solo país. Entonces, ante el retardo de la revolución latinoamericana se ve como única salida probable la adopción de reformas de mercado. Y es que aún desarrollando al máximo las potencialidades de la democracia obrera, la Revolución Cubana no podrá escapar a las duras condiciones económicas de atraso impuestas por el aislamiento y las profundas distorsiones en el proyecto que él provoca. Resurgirán una y otra vez todas las viejas porquerías del capitalismo, al decir de Marx. Para nosotros es cuestión de vida o muerte la extensión de la revolución socialista por toda América Latina. Por esa y otras razones considero que los revolucionarios cubanos debiéramos dar una acogida entusiasta a la propuesta del Presidente Chávez de crear la V Internacional, y convertirnos en uno de sus principales impulsores. Para la Revolución Cubana una política internacionalista no es sólo una cuestión moral o de tradición, sino de sobrevivencia.

La falsa idea de que pueda ser viable en el tiempo, a largo plazo, una fórmula donde se combinen y coexistan dosis equilibradas de socialismo y mercado, es una ilusión peligrosa. Y tan peligrosa como esta es aquella que pretende que las transformaciones en el ámbito económico no tengan su correlato e impacto en las estructuras políticas, como si fueran compartimentos estancos y separados.

Como el socialismo es sobre todo un asunto de conciencia, no sólo de cuchillo y tenedor, tan importante como lo que se produce es cómo se produce. O sea, para la construcción del socialismo sí es muy importante el color del gato, no sólo que cace ratones. No se puede aspirar a una sociedad superior si las riquezas obtenidas se alcanzan a través de relaciones de producción que fomenten la desigualdad, la explotación, la competencia.

La única manera que tiene la economía planificada para aumentar la productividad de forma distinta al capitalismo, es el control obrero. Este es también el mejor antídoto contra la corrupción. Ninguna otra medida administrativa o burocrática puede sustituirlo. Por ejemplo, la Contraloría General de la República podrá ser útil hasta cierto punto, pero ningún control desde arriba resolverá el problema, porque no va a su raíz. Una y otra vez la historia ha demostrado lo ineficaces que suelen ser las reformas por arriba y las soluciones burocráticas en un proceso de construcción del socialismo. El socialismo significa que el poder radique de verdad, en la práctica, y no sólo nominal o formalmente, en manos de los trabajadores.

La burocracia no puede controlarse a sí misma. En este aspecto no debe soslayarse la alerta de intelectuales prestigiosos y comprometidos sobre sectores de la burocracia blindándose económicamente por si las moscas, previendo un giro hacia el capitalismo y asegurándose el futuro en ese posible escenario.

Si bien es muy pronto para determinar adonde nos conducirá este proceso de cambios, considero que hay tres elementos claves a tener en cuenta:

1- La correlación actual de fuerzas y la acumulación política y cultural de los cubanos son muy favorables al proyecto socialista. Aquellos que sueñen hoy con una restauración capitalista en Cuba carecen de legitimidad y de aceptación pública.

2- La firme disposición y voluntad inicial de la dirección política de la Revolución y del pueblo cubano de preservar el socialismo en Cuba a cualquier costo, como única garantía para mantener las conquistas sociales alcanzadas y asegurar nuestra existencia como nación independiente y soberana. De todas maneras, independientemente de nuestras intenciones, muchos de esos cambios podrían desatar fuerzas que adquirieran su propia lógica y escaparan de nuestro control.

3- Las variables internacionales, sobre todo el desarrollo del proceso revolucionario en Venezuela tendrá una influencia decisiva, en un sentido u otro, para el resultado final en Cuba.

Nuestro desafío, el mismo de todo proceso revolucionario cuando se enfrenta a la reacción, es el de construir un parlamento en una trinchera, combatiendo a un enemigo que aprovechará hábilmente nuestras debilidades y desunión. Eso lo matiza todo. Pero en esa trinchera no existe otra alternativa que el parlamento del pueblo trabajador.

Hay señales muy positivas. Por ejemplo, las referencias reiteradas al papel central que deben desempeñar los trabajadores en la lucha contra la corrupción y la ineficiencia, así como en las discusiones económicas sobre el plan en cada centro de trabajo. También los llamados que ha hecho el mismo Raúl a una mayor democratización de nuestro Partido Comunista y de las estructuras políticas y de gobierno. Democracia que no debe ser ni abstracción ideal ni la burguesa, mascarada que encubre la dictadura del capital, sino la democracia de la mayoría trabajadora de este país, ejerciendo un poder y control efectivo desde la base.

Están, asimismo, los debates generados a partir del discurso de Raúl, los suscitados en los congresos de la CTC, de la FEU, de la UNEAC, además de los reclamos constantes, desde la dirección del país, a una discusión franca y abierta entre los revolucionarios, como método idóneo y saludable para encontrarle solución a nuestros problemas.

Esto ha sido práctica de la Revolución en varios momentos de su historia, recuérdese por ejemplo el proceso de discusión del Llamamiento al IV Congreso del PCC, o los parlamentos obreros, en los días más acuciantes del período especial. De lo que se trata es de tornar estos momentos en permanencia y funcionamiento sistémico.

Una de las diferencias fundamentales del socialismo con respecto al capitalismo, y ahí radica una de sus ventajas, es la amplia participación popular con la que debe construirse. Mientras al capitalismo le interesa excluir del ejercicio del poder y el proceso político a la mayor cantidad posible de personas, el socialismo, para ser, debe desarrollar al máximo sus potencialidades de inclusión política y de presencia del pueblo en las tomas de decisiones. El estado natural del socialismo debe ser el más amplio debate democrático entre revolucionarios.

Y las profundas carencias que todavía tenemos en ese aspecto son un problema muy grave. Necesitamos que la elección del camino a seguir salga de un gran debate público nacional sobre todas las cuestiones fundamentales, que incorpore al pueblo a las decisiones. En ese sentido considero contraproducente, primero, que los resultados de las discusiones producidas en todo el país a raíz del discurso de Raúl el 26 de julio en Camagüey se mantengan en secreto, y segundo, que las medidas derivadas de ellas sean estudiadas y decididas sólo por un grupo de personas en la dirección de la Revolución, sin participación popular. También creo que no se debiera demorar más el Congreso del Partido, su necesidad se hace más evidente cada día.

Entre los factores que nos permitieron resistir el tremendo mazazo que significó la caída de la URSS y el período especial subsiguiente hubo tres que considero fundamentales: en primer lugar, y el más importante, la presencia de Fidel, que con su enorme autoridad política y moral, se convirtió en el principal elemento cohesionador de todo el pueblo para enfrentar lo que se nos venía encima. El segundo, que la generación de aquellos días mantenía vínculos personales más cercanos y estrechos con los años fundacionales de la Revolución, con sus momentos épicos y románticos, la Campaña de Alfabetización, Girón, Angola, y había vivido un socialismo, el de la década de los 80, con niveles relativamente altos de consumo material y de justicia social. El tercero, que los argumentos utilizados para la resistencia respondían esencialmente a motivaciones políticas: era un pueblo consciente de sus conquistas y de lo que se jugaba, que se negaba a ser esclavo otra vez, a perder su soberanía, y para ello se disponía a arrostrar cualquier sacrificio (o desafío).

Hoy, la posibilidad de enfrentar un nuevo período especial, con limitaciones económicas agudas, nos sorprende, lamentablemente, en condiciones algo diferentes. Fidel ya no se encuentra, al menos formalmente, al frente del país y la Revolución, y su capacidad física se ha visto disminuida por la edad y por un grave problema de salud que lo tuvo al borde de la muerte. Junto a él, el liderazgo histórico de la Revolución está llegando a su límite biológico, y sigue siendo asignatura pendiente el aseguramiento del relevo de la dirección revolucionaria.

Una de las generaciones de jóvenes que coexiste hoy prácticamente lo único que ha visto es el período especial, con sus escaseces, sus desigualdades, las profundas contradicciones económicas, políticas y sociales que ha originado en el seno de la sociedad cubana, y que han afectado incluso, en mayor o menor grado, nuestras niñas bonitas y sagradas: la salud y la educación; y la erosión constante que ha provocado en los valores, espiritualidad y el modo de vivir socialista que hemos practicado durante 5 décadas. Para ella, el discurso de justicia y bienestar de la Revolución a veces no encuentra asidero en la realidad, peor si se usan consignas gastadas y esquemas trillados. Por último, la salida a la coyuntura actual se busca apelando a medidas pragmáticas de corte económico y no a la movilización de las reservas políticas de nuestro pueblo.

El sistema de funcionamiento político que hemos tenido durante estos 50 años se ha basado casi exclusivamente en el extraordinario carisma y liderazgo de Fidel. La confianza plena del pueblo en él, en sus planteamientos y su dirección, ha asegurado con efectividad la unidad, la defensa de la Revolución, y el rumbo socialista del proyecto, y nos ha permitido derrotar todos los embates del imperialismo. Pero el vacío dejado por él no podrá ser llenado por nadie. En el futuro, la única garantía de que ese poder tremendo no caiga en manos de personas al estilo de Mijail Gorbachov, Boris Yeltsin, o tantos otros, es rediseñar nuestro modelo político ampliando la democracia obrera y el control popular. Vital es contar con un PCC unido, sólido, con la mayor democracia interna y un ambiente de debate libre y franco de ideas entre revolucionarios.

Uno de los fenómenos más peligrosos que vemos hoy para la continuidad de la alternativa socialista, es la extendida despolitización y desideologización, presente sobre todo en sectores juveniles apreciables. Inconscientemente se refuerza esta tendencia desde el discurso oficial, cuando se carga la mano en el pragmatismo y no en las motivaciones políticas. Un discurso de “soluciones prácticas” combinado con apelaciones abstractas a la conciencia, la voluntad y la ética, que según entiendo, tiene efectos muy limitados.

Aunque duela reconocerlo, en la Cuba de hoy pueden trazarse muchos paralelos con la situación de la URSS en los últimos años de la década del 80. El solo pensarlo me provoca escalofríos y me pone los pelos de punta, porque el desenlace allá fue fatal, mismo que debemos evitar acá a toda costa. Las similitudes pueden observarse tanto en el complejo panorama social y económico: apatía política en los jóvenes, ineficacia burocrática, corrupción, despilfarro; como en algunas de las medidas propuestas para enfrentarlo.

La restauración capitalista más peligrosa podría venir a caballo de un discurso dizque revolucionario que hablara de mantener todas nuestras conquistas sociales, pero dejando de ser testarudos en materia económica, modernizarnos, adaptarnos a lo que hay, aceptar lo inevitable, abrirnos al mundo y al mercado con todas sus fuerzas, contradicciones y consecuencias. La guinda del pastel de semejante línea argumentativa sería la reconciliación nacional, la idea de que todos somos cubanos, que basta ya de pelearnos entre nosotros, que podemos ser capaces de construir un proyecto de país en el que quepamos todos, poniéndonos de acuerdo pacíficamente. Claro, con libertad de empresa. Esa idea es tan utópica y peligrosa que cualquier intento de contemporizar con la contrarrevolución, interna o externa, no nos dará siquiera tiempo a rectificar. Ellos tienen un diseño de futuro radicalmente distinto al nuestro, y es imposible hacerlos coincidir. La Revolución deberá seguir siendo con todos y para el bien de todos, pero manteniendo el poder en manos de la mayoría trabajadora y defendiéndose de quienes pretendan derrocarla.

Fuente: http://www.corrientemarxista.org/internacional/8-america-latina/280-cuba-hoy-incertidumbres-y-certezas.html

El factor K

Juan Carlos Monedero

Rebelión

Desde la muerte de Perón, no le dolía tanto a la Argentina la pérdida de un Presidente. Muy al contrario, habían sacado del palacio de gobierno a algunos de ellos por no cumplirle al pueblo. E incluso a otros que habían gozado de respeto, como Raúl Alfonsín, se los llevó la gloria de la historia a rincones de olvido por una transición rendida al poder de unos militares asesinos y arrogantes.

“Algunos celebran la muerte de Kirchner” – se recuerda en las calles de Buenos Aires-. Y continúan: “Pero están en el Penal de Marcos Paz”. La verdad, no todos. Además de los militares de la dictadura -los que están entre rejas y los que siguen en libertad-, también celebran, recuerda José Pablo Feinmann, el establishment y las clases altas, en un esquema repetido por toda la América Latina. Es curioso cómo, pese a no haber dejado de ganar dinero, las élites tradicionales nunca han soportado que alguien a quien no controlan ocupe el gobierno. No son de fiar. Néstor Kirchner no era confiable para estos sectores. En estos días Argentina está elaborando su censo. Ha trascendido que no pocos inspectores encontraban a esas clases pudientes celebrando con champán la muerte del ex Presidente. Palabra vieja esa de oligarquía. Tan vieja como oportuna. Como también son católicos, el domingo serán perdonados. Un país no cambia en ocho años.

Cuando en 2004 Néstor Kirchner mandó al máximo responsable del Ejército, el teniente general Roberto Bendini, descolgar el retrato de los dictadores Videla y Bignone del Colegio Militar, ese país, que venía de gritar en las calles “Que se vayan todos”, empezó a creerse que algo estaba cambiando. Pero la tarea no podía ser fácil.

La misma debilidad con la que Kirchner llegó al poder le fueron marcando un camino que supo leer. Dejó atrás sus maneras de político tradicional y se sumó al viento de cambio que atravesaba América Latina. Ya conocía a Chávez y a Lula. Algo le fueron contando. Kirchner podía haber mantenido la política de represión de De la Rúa o Duhalde, pero prefirió hacer de los derechos humanos la bandera de su nueva agenda. Los tiempos le atropellaban y él supo hacer de necesidad virtud. Viéndose inicialmente como candidato para 2007, la penúltima traición de Menem lo acercó a la Casa Rosada antes de tiempo (Ménem, miembro también del Partido Justicialista, el favorito del Fondo Monetario Internacional, el que postró al país de rodillas, se retiró de las elecciones con el único fin de desprestigiarlas, permitiendo que en la segunda vuelta fuera electo Kirchner ante la ausencia de contrincante).

Llegó pues al poder sin legitimidad, como un político más, como el mal menor que, en cualquier caso, podía salir del Gobierno por el tejado como su antecesor De la Rúa. No llegaba como la gran solución, como le ocurrió a Chávez en Venezuela o a Lula en Brasil. Muy al contrario. El diario Página 12 recordaba las apreciaciones del propio Kirchner en esos momentos: “Al próximo presidente nadie le va a creer nada por años (…) Cuando anuncie algo lo va a tener que cumplir. Y cuando anuncie otra cosa a las 24 horas, igual nadie le va a creer y también lo va a tener que cumplir. Va a ser como ir a elecciones todas las semanas”.

Cuatro grandes líneas son el legado de Kirchner, un legado insólito que hizo que miles de personas fuera espontáneamente a la Plaza de Mayo a llorar al que fue su Presidente más respetado de la última etapa: la defensa de los derechos humanos (no solamente de los represaliados de la dictadura, sino también de las minorías sexuales), la apuesta por la integración latinoamericana, el comienzo del pago de la deuda social –con la necesaria ruptura con el Fondo Monetario Internacional como condición previa- y la reordenación de las filas peronistas.

Las Madres y las Abuelas de la Plaza de Mayo han dejado constancia de la apuesta de Kirchner por la memoria histórica y el coraje frente a unos militares que seguían agitando los sables (algo que contrasta con la pusilanimidad de España con los crímenes del franquismo). Igualmente, la lucha contra la persistencia de la dictadura atacaba a las élites de la derecha que habían acompasado su gestión económica a los propios procesos dictatoriales. El pago de la deuda social, que tendría sus más amplias repercusiones ya durante el mandato de su pareja sentimental y política, Cristina Fernández de Kirchner, se sustanciaba en la renacionalización del sistema de pensiones y la asignación universal por hijo. Pero para poder hacer esto posible, fue necesario romper con el FMI y la heterodoxia neoliberal del Banco Central (pese a que el primer Ministro de Economía de Kirchner sería Roberto Lavagna, quien había ocupado ese cargo en el gobierno inmediatamente anterior de Duhalde). Y para romper con el FMI –zanjar la deuda y, por tanto, dejar de pagar intereses- era igualmente necesario el apoyo de algunos países, tanto para otorgar músculo financiero como para frenar las acusaciones internacionales que podían volver a poner a Argentina a merced de los ajustes de unos mercados que, cuando se les plantó cara, demostraron no ser tan omnipotentes. El apoyo en ese momento de los Presidentes Chávez y Lula fue esencial para aguantar los ataques y conseguir liquidez, consolidándose unas alianzas determinantes para la marcha del continente.

De hecho, fue en Mar del Plata, en noviembre de 2005, durante la VI Cumbre de las Américas, donde se sepultó la propuesta del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA) impulsada por los Estados Unidos y que señaló el momento de máximo alejamiento de América Latina del país que siempre había visto el continente sudamericano como su patio trasero. El impulso del MERCOSUR y el apoyo a la incorporación de Venezuela al mismo, junto a la creación en 2008 de la UNASUR (de la cual era Presidente Néstor Kirchner en el momento de su fallecimiento) han marcado un punto de inflexión de la integración latinoamericana frente al esquema tradicional de la OEA, marcada por la influencia norteamericana. El apoyo decidido de Kirchner a estas nuevas alianzas regionales fue esencial, constituyendo esta nueva política exterior argentina un pilar de la independencia del continente (y que explican el luto oficial declarado en varios países de la región o el compromiso de buena parte de los Presidentes latinoamericanos para asistir a los funerales).

En política, siempre te construyen tus enemigos. Los poderes tradicionales argentinos hablaban del “factor K” para descalificar toda la tarea política procedente de los gobiernos de Néstor Kirchner o el posterior de su esposa Cristina. Como ocurriera en Ecuador, cuando se volvió contra el gobierno de Lucio Gutiérrez su pretendida descalificación a los opositores como “forajidos”, el factor K pasó a ser señalado como un motivo de calidad democrática por el “kirchnerismo”. No en vano, la pelea con los medios de comunicación, principal partido de la oposición en Argentina (al igual que en Brasil, Venezuela, Paraguay, Ecuador o Bolivia), se convirtió en la última gran batalla que pudo ver el fallecido Presidente. La ley de servicios de comunicación audiovisual aprobada por el gobierno de Cristina Fernández se cruzaba con la demostración –a falta de decisiones judiciales finales- que presentaban como un robo la apropiación por algunos medios –en especial el diario Clarín- de la principal empresa de papel del país durante la represión de la Junta Militar. Igualmente entraba en escena la amplia sospecha de que dos hijos de la propietaria del diario eran niños robados durante la dictadura después del asesinato de sus madres. Las dictaduras terminan siendo procesos de clase que incorporan todo tipo de robos e iniquidades. Las bolsas, corrieron a titular esos mismo medios de comunicación, celebraron con subidas la muerte de Néstor Kirchner. También serán perdonados por eso.

En el haber del Presidente Kirchner queda la creación de una nueva Corte Suprema independiente que pudo frenar la amenaza de la anterior de dolarizar la economía; queda la apuesta por los derechos humanos, la derogación de las leyes que impedían las extradiciones pedidas por el juez Garzón, la derogación de las leyes de punto final y el juicio a los asesinos y responsables de la dictadura militar; quedan las instituciones de la nueva arquitectura latinoamericana y el impulso personal que le dio a la UNASUR; queda la soberanía del Banco Central; quedan tasas de pobreza y de pobreza extrema reducidas a un tercio de lo que estaban en 2003; quedan unas reservas en divisas tan amplias como liberadas para el uso que decida el gobierno; queda la renegociación de la deuda externa y las nuevas relaciones con el FMI; queda la atención a los jubilados, el incremento del empleo, nuevas prestaciones sociales; queda la ley de matrimonio civil… En un país que en 2001 había entrado en bancarrota material y moral.

También hay sombras, que responden a los problemas propios de países de baja institucionalidad (donde la corrupción y el clientelismo son patrimonio establecido), así como a los problemas siempre pendientes de vivienda, de salud, de desempleo, de educación, de violencia, de matonismo y clientelismo sindical. Pero no se pidan milagros, especialmente los que tuvieron décadas para realizar cambios y sólo se solazaron en la ruina de Argentina. ¿Cuánto tardó un país como España en salir de su franquismo sociológico? ¿Y no es acaso aún cierto que todavía no hemos salido de esa influencia perniciosa? La tradición peronista en Argentina, cierto es, no deja de ser un conejo al que difícilmente se le acierta por lo mucho que se mueve. Pero algo empezó a moverse en el país con la elección del Presidente Kirchner. Le ha faltado tiempo. Caprichos del destino. O quizá sea cierto que tienen influencias esas iglesias que, tan poco cristianamente, han celebrado la muerte del mandatario.

Durante las manifestaciones contra el corralito, esa operación financiera sin maquillaje que le robó los ahorros no ya a las clases populares –como ha sido históricamente- sino también a las clases medias, alguien escribió en una pancarta: “menos realidades y más promesas”. Y seguramente eso es lo que vino a hacer Néstor Kirchner. Porque en ese juego de recuperar la esperanza, el pueblo movilizado se hizo actor político constituyente y apoyó hasta hacerlas reales decisiones políticas que requerían mucho coraje. Toda una juventud que nació con la dictadura, ahora está en la calle, en los institutos, en las universidades, en partidos con voluntades nuevas y viejas, en las fábricas recuperadas y en las que todavía siguen lógicas antiguas, con esa realidad naciente de una América Latina que se está poniendo de pie y que ha aprendido mucho del pasado reciente del continente. Una amplia juventud que se ha podido dar cuenta de que algo cambió con el factor K.

Y por eso, contra lo que digan los medios, el pueblo lo está llorando.

El iluminador

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Por Sandra Russo

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Lo había votado, pero a regañadientes. Se votaba sin esperanza. Ni siquiera uno llamaba traición a las traiciones. Eran más bien tradiciones, parecían como las vueltas de la vida o la humedad. Me acuerdo bien del 2003. Con que se fuera Duhalde estaba bien. Llorábamos a Kosteki y Santillán. Y la lucha cotidiana, desde mi trabajo, era intentar hacer ver a los desocupados como hombres y mujeres que hacían piquetes, no como piqueteros. Era hacer ver en los cartoneros a los desesperados, no a los ladrones potenciales.

Estábamos hechos mierda. Eramos ruinas. No teníamos ni trabajo ni orgullo ni líderes. Es sorprendente cómo consiguió ese poder en las sombras, ese siniestro poder que nadie vota, ese que hoy conocemos, convencernos de que todo era más o menos lo mismo, y que era beige. Es sorprendente el daño que le hizo y le sigue haciendo a este país una generación política que no tiene retorno de la entrega irrestricta de sus convicciones.

Creíamos que era inútil esperar cambios de la política, que la política era ese deporte sin reglas que jugaban y siguen jugando tantos. Y mientras todo era lo mismo, nos iban traicionando uno por uno.

En estos años, Kirchner pasó a ser Néstor, un privilegio del lenguaje y de su cercanía, un premio a esas ideas con las que llegó a la Rosada y que llevó adelante contra toda la adversidad que eligió enfrentar. Néstor fue el primer presidente que gobernó este país defendiendo con los dientes los pilares de lo que él concibió como un proyecto nacional y popular, de génesis peronista pero de alcances más amplios, y fue también el que sabía que había que esculpir lo maravilloso sobre la arcilla mugrienta que éramos.

A Néstor le debemos el regreso triunfante y orgulloso de la política. Y si no lo escribo ahora que se murió, no estoy siendo leal con lo que creo. Néstor fue un regalo de la historia, un sobreviviente de una generación decapitada, un disidente de la lucha armada que guardó en su corazón, no obstante, durante años, los sueños de ellos, que eran los mismos que los suyos, los de su compañera y los de tantos y tantos más.

No por casualidad uno de los pilares de su proyecto era el recambio generacional y la formación de nuevos cuadros. Los que nos sacarán de encima la chatura y la ignorancia que hoy reina en el Congreso serán los nuevos dirigentes, los que hoy aparecen de a racimos en el kirchnerismo, pero es de esperar que surjan también en todas las otras fuerzas, para que alguien recoja el guante de la discusión política a la que Néstor nos invitó, y la pluralidad no sea la excusa, como es usada ahora, para asfixiar una vez más un brote de poder popular.

Desde el día en el que hizo descolgar los cuadros de los asesinos, se hizo evidente que él hacía cosas que nadie antes había hecho, y no porque era imposible, sino porque faltaba estrategia, coraje, confianza, autoridad. Le achacan autoritarismo. A la autoridad de un presidente constitucional le llamaban autoritarismo. Siempre le han llamado como quisieron a todo. Néstor nos ayudó a renombrar nuestro mundo, el del nuevo paradigma, el mundo de nuestros sueños.

Recuerdo ahora una columna que escribí justo antes de aquellas elecciones desesperanzadas del 2003, escrita en el dolor del naufragio y la amargura de comprobar que nuestra sociedad se pliega en nichos de profundo individualismo y mezquindad. Se llamaba “Imagino”, y decía que después de todo lo que uno sueña para su pueblo es una vida que incluya el trabajo, un desayuno con algo calentito y pan con miel, un techo, un cumpleaños, un regalo para el Día del Niño. Decía que ahí, en esa escena privada de cualquier argentino vulnerable, en ese movimiento de regreso a la equidad, estaba el motor de nuestros sueños.

Con Néstor descubrimos que esa escena privada que replica la felicidad de un pueblo depende del líder apropiado, pero también de una correspondencia, un intercambio de lealtad entre ese liderazgo y los sectores que representa. Hoy hay una nueva generación de militantes que se suma a militantes de otras generaciones que nunca habían encontrado una expresión política que hablara por ellos. Su entrega final quizá nos diga la importancia de lo que está en juego.

No tengo más que gratitud hacia el hombre que, como un iluminador en un cine muy oscuro, nos señaló el camino, no para hacer inevitable algún tropiezo, sino para advertirnos que sí, que hay un camino.

El hombre, esa mujer, la multitud

OPINION[cerrar]

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http://www.pagina12.com.ar/commons/imgs/go-gris.gif Por Mario Wainfeld

La muchedumbre empezó a congregarse al mediodía del miércoles, al cierre de esta nota (bien entrada la noche del jueves) sigue su desfile en sinfín. El cronista cree que es de buena praxis calcular “cuánta gente hubo”, la misión se torna imposible cuando se renuevan constantemente las filas. Van de la Plaza al Obelisco por Avenida de Mayo, doblan por Rivadavia, hacen un codo, entran a la Casa Rosada. La Plaza, además, está repleta de sol a sol y hay circulación constante en la zona bancaria y en el Bajo.

El tránsito de los asistentes es incesante, relativamente veloz, miles de personas fluyen cada hora. El narrador estuvo un par de ratos, miró televisión, se informa con otros circunstantes. El relato coincide: la mayoría son “gente suelta” no encuadrada, que recorre la franja que va de los sectores más humildes a las clases medias del conurbano. Porteños estrictos hay bastantes. Muchos sub-40 o aun sub-30, mayormente militantes que le encontraron sentido a la política en estos años, que se espabilaron cuando vieron a la derecha real copar las calles porque “somos el campo”.

La muchedumbre, que no tiene principio ni final, entra a la Casa Rosada acaso por primera vez. Ansía saludar, acompañar, confortar, ver, participar, dejarse oír. Participan, apoyan, aman, sostienen. Hay grupos encuadrados, en flagrante minoría.

La crónica argentina registra capillas ardientes visitadas por millares de personas. Artistas populares de variado “volumen de juego”, deportistas. Y, apenas, un puñado de dirigentes políticos.

La historia del peronismo depara más que ninguna otra esas escenas, junto con muchas otras. Hechos que combinan la pasión popular (ritos que se repiten y se renuevan) con la interpelación política. El peronismo es muy escenográfico, muchas imágenes de masas en cualquier formato dramático. No es sencillo descifrarlas, es necio desconocerlas o subestimarlas. Azuzan odios atávicos, análisis ignorantes, desdenes de clase.

La multitud entra y sale de la Casa de Gobierno, no se diría que la mueven la crispación ni la caja. Si usted los mira sin anteojeras, corroborará que no los arrea nadie. Van como ciudadanos que son, como protagonistas que ansían ser.

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La presidenta, Cristina: Quien está ahí, frente al féretro de su compañero de luchas y de vida, es la Presidenta y es Cristina. Anteojos ahumados, enhiesta hasta cuando se sienta, mira hacia delante y escucha. La gente recorre la Rosada, que es un edificio extraño. En el patio de las palmeras, por caso, siempre se escucha cantar a los pájaros. Vaya a saberse cómo sobreviven y se inspiran en ese microclima de smog, en un enclave dentro del cemento, a metros de la city ruidosa e insalubre.

Más mujeres que hombres recorren un caminito establecido. Pasan, tiran un beso, ponen el puño el alto, hacen la “V” con los dedos, se golpean el pecho con el puño, ahí donde los profanos suponemos que está el corazón. Algunos les hablan a las dos, a Cristina y a la Presidenta. Otros, vocean cánticos o consignas. Los jóvenes son los más ruidosos. Hay sincretismo en las consignas, algunas clásicas o hasta arcaicas del peronismo entreveradas con “hasta la victoria, siempre”, por qué no. La más repetida, calcula el cronista en la hora y media que estuvo presente y las muchas más que vio la tele, es “¡fuerza, Cristina!”. El escriba piensa en la tapa de Página/12 de ayer, un prodigio de creatividad de ese tipo talentoso, profundo y tierno que es Daniel Paz. Y se felicita por haber elegido este diario para meterse de lleno en el periodismo, cuando encontró un tope para otras formas de intervención en política.

De vez en cuando se prorrumpe en aplausos, prolongados, de aquellos que uno quiere seguir sosteniendo porque ese sonido, en ese ámbito, dice más que mil palabras.

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El orden es absoluto, las gentes de a pie acatan la básica organización, porque respetan. Ellos entran por una puerta, los invitados especiales por otra. Hay un ingreso para autos, donde irrumpen los de los funcionarios, los de algunos empresarios. Siempre entraron funcionarios a la Rosada, tanto como empresarios. La novedad son las combis de los movimientos sociales y de los organismos de derechos humanos, que gozan de una inédita prioridad: la seguridad los hace pasar primero. Es un dato del kirchnerismo, las Madres, las Abuelas, los movimientos sociales son locales ahí desde hace siete años. Antes “paraban” en la Plaza, clamando en la vereda de enfrente. Los cooptaron, dicen los que nada entienden. Les dieron plata, añaden. En realidad, atendieron sus reclamos, consagraron leyes y también les asignaron módicas partidas del presupuesto. Las ONG gozan de buena fama en el establishment a condición de que no batallen por los pobres, ni por la verdad y la justicia. Eso cambió en esta etapa, entre otras variables.

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Cristina acaricia de vez en cuando el féretro, acomoda la bandera, los pañuelos blancos que le acercaron, algún estandarte. Mira hacia delante, conmueve su economía gestual. Sólo se mueve para besar a Madres o a Hijos, a alguna mujer de pueblo. Tira un beso con las manos, se lleva la mano al corazón.

En su derredor, hombres hechos y derechos no pueden contener la emoción. Carlos Zannini, de ordinario sonriente, se muestra tieso, todo lo lívido que pueda estar un morocho. Agustín Rossi conserva el rostro demudado desde el miércoles. Carlos Tomada está estremecido, con los ojos húmedos.

Oscar Parrilli, una suerte de dueño de casa, va y viene, organizando y recibiendo. Máximo Kirchner también se mueve a veces, ordena algo, le habla y cuida a su madre. Osvaldo Soriano escribió alguna vez que uno llega a ser hombre cuando pierde a su padre, memora el cronista.

Juan Cabandié, hijo recuperado que reencontró a su familia, mira sin ver. El 24 de marzo de 2004, los Kirchner lo invitaron a subir a un escenario histórico, al costado de la ESMA. Comenzó ahí una carrera política, que ahora deberá seguir sin un referente paternal que se le fue de sopetón.

Carlos Kunkel y Jorge Taiana son compañeros de militancia con varios años de cárcel arriba, cuando eran jóvenes y delgados. Ahora, con 30 años más y una corpulencia estimable, se abrazaban en esos pasillos, dando tumbos, llorando como pibes.

Ella, Cristina, no llora.

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El presidente Lula da Silva aborda un avión express, junto a su asesor Marco Aurelio García, cuando faltan menos de tres días para la segunda vuelta de las presidenciales en Brasil. Mucho compromiso es venirse cuando hay tanto en juego.

Lula, un estadista colosal que no deja de ser un hombre de pueblo expresivo, no disimula su congoja. Marco Aurelio se saca las gafas para enjugarse los ojos. El presidente paraguayo Fernando Lugo, enfermo, está ahí. Todos saludan a la Presidenta y abrazan a Cristina. Predicadores autóctonos explican que el líder del PT es sideralmente distinto de los Kirchner y hasta lo usan como modelo. Lula da toda la impresión de pensar distinto. En los gestos, en docenas de discursos, que repitió ayer ya con un pie en el estribo: “O Kirchner era más que un presidente, un compañero”. Lula es un gran orador, no da puntada sin nudo.

Esos presidentes, como el boliviano Evo Morales que también traslucía dolor, no creen exactamente que la Argentina está aislada del mundo, no vaya a creer, lector.

Hugo Chávez habla en el Aeroparque, cita a Bolívar y San Martín, sus gestas y campañas, a Eduardo Mallea y a José Martí. Ya en la capilla ardiente, el presidente bolivariano estrecha a Máximo y a Cristina, a quien besa las dos manos. Lula la abraza. Después lo mima a Lugo, le besa la cabeza rapada.

Son presidentes, son personas, se saben compañeros.

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Mercedes Marcó del Pont y la embajadora en México Patricia Vaca Narvaja sonríen cuando saludan en los pasillos y lloran de modo calmo, sin ocultarse, en la capilla ardiente. Son cristinistas desde antes, desde cuando vivía Néstor Kirchner. Ahora ser cristinista tendrá otro sentido, que deberá construirse, contrarreloj, acaso comenzando antes de que se elabore el duelo. La política no da sosiego ni respiro.

El líder muerto se transmuta en bandera y mito. El de Kirchner ya dice que ofrendó su salud y su vida por su vocación militante. Sus compañeros lo enaltecen, dirigentes radicales adoptan ese discurso. No es el caso del vicepresidente, cuya ansia de figuración lo induce al papelón y a la falta de respeto. Julio Cobos fatiga los canales de cable, emite comunicados, hurta el cuerpo para evitarse una rechifla.

Ricardo Alfonsín y Ernesto Sanz, entre otros, asisten y elogian la militancia, tanto como la tradición nacional y popular. Puede haber cálculo, protocolo, buena onda o cortesía, en cualquier caso estuvieron a la altura de las circunstancias.

Cristina se toma una tregua de minutos, va a una salita aparte. Ve a Leopoldo Moreau, lo abraza y le manda efusivos saludos “para tus hijas, que son militantes”. Moreau discurre con el cronista, a su ver hubo tres dirigentes que hicieron época en la política: Perón, Alfonsín y Kirchner. Ninguno podía parar ni jubilarse.

Cristina, la Presidenta, llegó por un camino signado de dolor y desafíos a tener la oportunidad de disputar un tercer mandato consecutivo para su fuerza política. Yrigoyen, maltrecho, lo logró en el pasado remoto. Perón debió esperar 18 años para su tercera vez. Alfonsín no pudo terminar en regla su primer gobierno. Cristina irá, debe ir, por esa chance. Es muy arduo, no es imposible, aunque la prensa de Papel Prensa la ningunee y la desdeñe.

El cronista se va de la Rosada, junto a una colega que sale en la tele. Una señora sesentona de aspecto sencillo la reconoce, le agradece “lo que están haciendo”. Se llama Matilde, es de Lanús, dice estar contenta porque esperó siete horas en la cola pero “pudo verla”. A ella, a Cristina. No lleva un choripán en la mano, no llegó en un micro a cambio de nada. Fue a verla, le dijo, seguramente, “fuerza Cristina”. Y esa, acaso, será la ciento y única vez que habrá pisado la Rosada en su vida.

mwainfeld@pagina12.com.ar